Como podéis ver, he distanciado bastante las publicaciones. Tengo mucho menos tiempo libre y, además, tampoco es menester tostaros de mis divagaciones mentales. Hoy traigo algo que también está muy manido. Seguro que muchos estaréis de acuerdo, otros se ofenderán, y otros asentirán mientras tienen un mjölnir colgado y esperan ansiosos el nuevo capítulo de Vikings, o cualquier mierda de estas.

Mi aversión por el mundo vikingo fuera de contexto es de sobra conocido por mis allegados, habiendo incluso llegado a publicar unas camisetas de Hrizg con el mjölnir tachado en la espalda en 2007, y la creo que acertada frase de «The Mjölnir doesn’t belong to Celtiberia. Stop the viking fashion!». Esto, que también usé como banner en la web, despertó muchas iras entre los guerrerillos del Metal nórdico, sobretodo, en España. Qué curioso, ¿verdad?

Pues es la puta verdad, chavales. El martillo de Thor no pertenece a nuestra cultura. Y me parece muy bien que te sientas un guerrero nórdico del Valhalla porque tienes los ojos azules o el pelo claro, pero ni siquiera los Amon Amarth lo son. ¿Descendientes? Quizá, pero de ahí a imitar los cortes de pelo de la puta serie esa, las barbas, etc., va un abismo. He llegado a ver en algún festi Metalpaco nacional grupos de chavales haciendo gritos a lo 300 en la calle, porque sí. Mi nivel de vergüenza ajena tal vez sea demasiado bajo, pero es lo que me produce cuando veo este tipo de mierdas.

Me da pena que la gente tire a lo de fuera. Si fuera algún caso puntual, pues bueno, podría entenderlo. Véase los Nile con su obsesión por el mundo egipcio. Pero imaginaros que ésta fuera la nueva moda y la tendencia fuera ir a festivales como el Resurrection o el Leyendas vestidos de faraones o de momias y clamar ser hijos de Tutan Cojón. Venga, no me jodáis.

Recuerdo que en 2010 vivía en Elche, la mítica ciudad íbera donde se halló ya sabéis qué dama. Una noche, un chaval con el que coincidí -y que tenía el martillito de rigor colgado- le oí decir que él era un auténtico vikingo. Tenía barbas muy largas, sí. Tenía greñas, sí. Y tenía sus muñequeras de cuero (imprescindible para ser vikingo de pro), pero tío… era tan moreno que se me hacía más sarraceno que otra cosa. Me habría molado más oírle decir, yo sí que soy un puto asirio. Entonces tiene mis dieses. Pero no. Cualquier día vamos a ver a un congoleño decir ser descendiente de la dinastía Ming. Recalco la idea que lo que me pudre es que se convierta en tendencia un único tema y se proclame como nuestro por moda y no por un derecho histórico.

Siempre me ha parecido más interesante el paganismo real, es decir, interesarte por un periodo histórico concreto de un área real. Si es posible, de tu tierra (pues es la unión que yo veo). No digo que esto tenga que ser así, que habrá opiniones de todo tipo (aunque no las haga caso). Es decir, si eres vasco, entiendo que quieras hacer letras en euskera sobre las tribus prerromanas, sus costumbres, ritos, etc. Al menos, lo que se conozca. Lo veo lógico y es lo que valoro, como hacen Numen, Nakkiga, Omendark y un montón más. O bandas como Berserk, Nazgul o Cyhiriaeth, cuando trataban sobre la antigua Celtiberia.

Tampoco es cuestión de desmerecer bandas porque hablen sobre temas nórdicos en sus letras de manera puntual, pues cada uno es libre de hablar de lo que quiera. No soy censor de nada de eso. Pero ya obviar por completo tu cultura REAL y abrazar la puta moda imperante por los motivos que he dado (y por muchos más que ni he nombrado), es lo que me produce urticaria cerebral.

Pero ojo, que hay otra corriente igualmente ridícula pero menos común en el mundo musical: la wicca. Esta soplapollez es más común entre personas ajenas al plano musical que trabajo, pues es demasiado buenrollista para una banda de Black Metal. No obstante, es adoptada por infinidad de gente que ha decidido sustituir a Dios por el Universo, a la Virgen por la Naturaleza y a la cruz cristiana por el triskel, o cualquier otro símbolo celta ancestral. Pero lo que se les ha olvidado sustituir del Cristianismo es la intransigencia y la intolerancia, pues en muchos casos son tan vehementes en sus creencias que he visto hasta llegar a hacer mofa del escéptico, como si éste fuera un pobre loco incauto e inculto. Acojonante. Sí, amigos, todos conocemos a alguien que dice ser una bruja moderna y lleva pentáculos con la punta hacia arriba, que cree en las energías naturales y ritos pseudo inventados (o inventados), la homeopatía y que te dice con soberbia que la vida te va mal -o no tan bien- porque no se lo pides al Universo (sí, en mayúscula, porque para ellos es una entidad con nombre propio). ¿A cuántas casas habéis ido con olor a inciensos varios, una estatuilla de Buda y libros sobre reiki? Podéis ser todo lo hijo de putas que queráis, es lo bueno de la wicca, que si luego limpias tu aura, todo perfect. Además, también puedes currarte unos mandalas tope guapos y de trazo dudoso, porque mientras tengas pasta para tus alimentos veganos, el puto Universo te va a lamer las pelotas cual cerdo buscando trufas. La ley del karma.

Además, esta gente es carne de cañón para esas creencias extrañas sobre la Tierra Hueca, Plana, con forma de plátano (como dirían Monty Python), fantasmas que te ayudan porque son buen rollo, tarot, antivacunas, aliens… porque es un todo vale. Vivimos en una nueva edad media en mitad de la edad de la tecnología. Una suerte de burbuja crédula que absorbe todo tipo de conocimientos alternativos y fantásticos, sean estos los que sean y de la naturaleza que sea. Donde lo hermético convive con lo paleocristiano, pagano, neopagano y fantástico actual. Corrientes más desarrolladas en los años 70, después de viajes lisérgicos donde hoy en día, con toda la información que tenemos, de pronto creemos en historias fantásticas de serie b.

Ciertos menesteres laborales y de producción me han mantenido algo alejado del blog, lo que también sirve para dar cierto respiro a tanta publicación seguida. En esta ocasión no tenía claro de qué hablar. Después de varias publicaciones diciendo qué opino sobre algo, he pensado que no sería mala idea volver a hablar de una de esas bandas en las que estuve involucrado, pero que no llegó a ejecutarse. Algo que quedó en un proyecto de proyecto, por así decir.

Entre 1993 y 1994 tenía muchas ganas de crear un grupo de Death/Doom Metal, pero a decir verdad, no sabía ni cómo cojones tocar una guitarra. Así todo, y como era muy pertinaz, sabía que terminaría aprendiendo, así que me puse manos a la obra para ir planificando algo que tuviera como influencias principales los dos primeros de Paradise Lost, el primero de My Dying Bride y sus EP’s, los dos primeros de Hypocrisy y poco más (influencias que luego he explotado en Deprive, por ejemplo).

Lo primero que hice fue buscar mis apuntes de latín y con mis exiguos conocimientos de esta lengua, concatené tres palabras que seguramente no tengan una construcción bien hecha o declinada. Noche (Nox) y (et) Abismo (Vorago). Todo junto, a tomar por culo. También hice un logotipo bastante cutre, pero como no lo encuentro, he puesto otra mierda que hice unos años después con la mítica fuente Old English.

Un día, hablando con Uruksoth (CrystalMoors, Gathering Darkness, Korzo, In Luna…), me dijo que le encantaba el nombre, y como él quería ser cantante en un grupo de estilo similar, decidimos que yo sería guitarra solista y él guitarra rítmica y voz.

Queríamos meter también blast-beats y añadir alguna influencia del Brutal Death o del Grindcore para algunos pasajes, así que la cosa se iba embruteciendo. Como buen experto en marketing, Uruksoth fue expandiendo el nombre de nuestro proyecto de grupo en algún concierto, pero no sé si esto creó más expectación o si fue totalmente vacuo. No recuerdo ninguna reacción, salvo la de Pedrosa (Stinkupus, Anticlerical) diciendo «Guau, suena muy bien» y ya está, jaja…

Con el tiempo, compramos nuestro equipo y fuimos aprendiendo a usar las 6 cuerdas. Bueno… al menos yo, porque Uruksoth se centró en las voces. Así todo, seguíamos siendo horribles. Como hacía falta gente para la sección rítmica, pensamos en Matoni (Belfegor) para el bajo y Don Pedro para la batería (colegas de toda la vida que no llegaron a pensar un nombre de guerra decente jaja). Ninguno de estos sabía tocar sus instrumentos, pero nosotros tampoco, así que…

Nos hicimos una sesión de fotos en 1995 en la que fuimos los cuatro con una cámara, pero sin fotógrafo, así que siempre había alguno que no aparecía en las fotos de grupo. Muy listos éramos entonces… No aprendimos de esta experiencia, pues en 2002 nos pasó lo mismo en la primera sesión de fotos que hicimos CrystalMoors. Creo que después aprendimos algo, pero ganamos nuestro premio Darwin.

El grupo, en realidad, no pasó de algún ensayo en el que nos turnábamos los instrumentos para hacer el mamón y poco más. En estos ensayos se pudo ver momentos muy letales en los que Don Pedro casi jode el kit de batería que usaba a base de hostias súper primitivas (que hay que ser animal), o a Matoni cogiendo el micrófono para cantar, o sentarme yo en el kit de batería mientras otro colega ajeno a la banda tocaba la guitarra. Estas mierdas ocurrieron hasta que dejamos de ensayar en 1997, aunque realmente no sé si lo hacíamos bajo el nombre este o cualquier otro que nos inventáramos. No lo recuerdo ya.

Noxetvorago, de izquierda a derecha: Erun-Dagoth, Uruksoth y Don Pedro. Foto hecha por Matoni en 1995.

Hoy te traigo un post cortito, pues este tema tampoco tiene mucho donde rascar y fijo que todos nos sonreímos con estas historias cuando las vemos. Este tema ya no es sólo para el mundo metalero, sino que es extensible a cualquiera.

Qué barato y cutre resulta todo hoy en día. ¿No tenéis esa impresión cuando veis ciertas publicaciones en las RRSS? Normalmente, siempre viene de los mismos individuos. Gente que no aporta nada o que siempre hace alarde generalmente de cosas de las que carece. No voy a arremeter contra esta peña porque en realidad ya se les suele tener calados, pero es que hoy en día cualquier persona puede convertirse en erudito, un musicazo, modelo, putón, súper viajero despreocupado o deportista de la manera más low cost que pueda imaginarse. Y yo me pregunto ¿cuál era tu vida antes de Facebook o Instagram? Es decir, ¿ya eras esa personalidad que muestras con tanto afán?

La mayoría de la gente que hace según qué publicaciones ya se las ve de lejos. Denotan mucha inseguridad y poca personalidad, necesitando así de la aprobación del populacho. Ya sea en likes por parte de amigos como de desconocidos.

Ninguno quedamos libres a cierta exposición en las RRSS, pues su objetivo precisamente es este. Exponer lo que te gusta, lo que haces, lo que eres de alguna u otra forma, a lo que dedicas, etc. Son para eso, entre otras cosas. Pero yo hablo de los usuarios (y usuarias) que no paran de mostrar un alter ego que no se suele corresponder con la realidad.

Si quieres ser un gran metalero con un dominio increíble sobre grupos raros, no tienes más que poner constantemente vídeos de YouTube. Una simple búsqueda hará que tu imagen pública mejore ante gran parte comunidad. Si quieres ser modelo, no tienes más que publicar fotos de otra índole y esperar el aluvión de reacciones. Si tu Instagram echa humo, ¡felicidades, ya eres influencer! Si tu grupo no lo escucha nadie porque es una mierda, tranqui que haces un blog y… ehm… ¡ups!

En definitiva, tener hoy día una imagen pública es muy sencillo. Sólo hace falta que tu inseguridad sea inversamente proporcional a tu vergüenza, cosa que tampoco es fácil, así que no le quitemos el poco mérito que tiene esta gente.

Códito de descuento: MORBID30

Este tema tiene su cosa. No es nada fácil de establecer una respuesta contundente a ésto, pues si estamos dentro del Metal es porque, de alguna manera, nos llegó. Los que tenemos una imagen concreta (pelo largo, ropa negra, etc.), viene porque vimos una «moda» que nos llamó la atención. La mayoría por colegas del colegio, revistas o incluso algún programa de la Tv. Sin embargo, siempre estamos quejándonos de las putas modas. De por qué se venden camisetas de algunos grupos en ciertas tiendas de ropa que son portadas por tiparracas (o tiparracos) totalmente profanos a lo que nosotros amamos, o incluso grupos que se hacen masivos dentro de la propia comunidad metalera. Joder, qué metalpaco suena esto…

Quizá todo esto que comento es porque la moda se convierte en mofa y sentimos que, de alguna manera, pervierte la esencia de algo que consideramos puro. Claro que la definición de pureza varía en función de nuestros propios gustos, inclinaciones o, directamente, de que tengamos un mal día. Pero bueno, creo que se me entiende.

Aquí no entro en valoraciones del Underground o el Mainstream, pues ya he hablado de cosas similares en los posts previos y paso de rayarme.

No voy a invertir más texto en la parte negativa de todo este circo, pues creo que ya hay demasiados «salvadores» de la escena y no es mi función despertar conciencias. Además, yo no sé más a este respecto que pueda aportar nuevos datos a este particular entender.

Sin embargo, hay otra parte de las modas que son positivas. Al menos, a mi juicio. Pues gracias a la moda del revival muchos de nosotros podemos volver a disfrutar de grupos que ya no existían. Yo personalmente pude ver a Ashbury en directo, por ejemplo. Y otros también con suerte pudieron disfrutar de Pagan Altar. Ejemplos así hay unos cuantos y tampoco es menester enumerarlos todos. Pero también gracias a estas olas de idas y venidas hemos podido comprar nuevo-viejo merchandising, vestir los chalecos de parches que muchos llevaban guardados y olvidar productos comerciales absurdos como el puto Nu Metal o el Metalcore. Hemos podido volver a pinchar discos y comprar vinilos (obviando el efecto burbuja, claro). Pero también hemos visto este renacer en otras disciplinas diferentes, como en los videojuegos retro (de lo cuál soy gran seguidor) o incluso en el cine.

Sé que también han resurgido bandas como Mötley Crüe y mierdas semejantes que ya no tienen sentido, pero bueno… También ha hecho que bandas súper comerciales que ya no hacían caña volvieran a ella (véase… la mayoría, de hecho). ¿Quién iba a imaginarse que Paradise Lost volverían a los guturales? Yo desde luego no. Y aunque no sea lo mismo y, de hecho, creo que es otra estrategia comercial, creo que ha logrado que nuevos seguidores se decanten más por las sonoridades oscuras y extremas.

Personalmente creo que las modas son una mierda en general, pero a veces sí es cierto que han aportado cosas buenas que muchos echábamos de menos. Digo muchos, pero en realidad son muchísimos, pues esta moda de lo viejo se ha llegado a convertir en un negocio muy lucrativo. Pero bueno, eso ya es otro tema.

Tal vez productos comerciales apestosos como la película (y el libro) de Lords of Chaos nos traiga un montón de mierda dentro del Black Metal, pero seguro que entre esas nuevas hornadas alguna se trabaja algo realmente bueno. Los viejos seguiremos haciendo música vieja. Los jóvenes puede que se acerquen a la esencia y se alejen de la puta cagada que es el reggaeton o el trap de los cojones. Por cierto, ¿qué coño es el K-Pop?

Hoy vengo a anunciar algo que bien podría haberlo hecho sin más con una noticia sin tanta enjundia porque Stormstone no es mi proyecto más conocido y seguro que a la mayoría se la pela. Es un proyecto que siempre he considerado el hijo mongolo de Briargh, otro proyecto en el que llevo trabajando mucho más tiempo y con el que he sacado más ediciones. ¿Y por qué digo esto? Pues porque Stormstone tiene exactamente el mismo estilo que tenía Briargh en las demos, sólo que mejor tocado y con mejor sonido. Entonces, ¿por qué creé Stormstone y qué sentido tiene? Allá voy…

En 2013 tuve un rebrote creativo que aproveché para seguir grabando con Briargh, Hrizg y crear nuevos proyectos como Deprive o el que nos acontece. Yo tenía un local de ensayo que usaba también como estudio de grabación en un barrio de Santander, en el que pasaba todo el día haciendo mis maldades. Un día hablando con Enserune (bajista de Lucifuego, Neverendinghate y Hrizg), le dije que tenía una forma de componer que era muy rápida y que podía componer y grabar en poco tiempo. Ella no se lo creyó. No es algo que yo vaya contando por ahí y, ahora que lo pienso, creo que es la primera vez que lo digo en público. Y no va en tono arrogante ni nada (detesto la arrogancia), pero es que algunos de los discos o demos que he editado en alguno de mis proyectos son producto de un fin de semana o cosas así. No es algo fácil de digerir, seguramente, y Enserune no fue excepción. Entonces, para demostrarle que así era, me puse a improvisar ritmos de batería a los que, posteriormente, fui añadiendo riffs de guitarra y melodías que iba creando sobre la marcha.

Foto original realizada para Forestdome en 2004, que usé para el diseño de «Heirs of All Fights».

No me acuerdo ya de toda la teoría que en su día aprendí, pero me sé las escalas de memoria y también algo de armonía. Esto parece algo muy obvio, pero os sorprendería la cantidad de músicos de nuestro nivel, que llevan tocando toda la vida y no tienen ni puta idea de escalas. Joder, digo yo que a base de repetición durante años te las aprendas, ¿no? Pues no.

Grabé el bajo a primeras tomas (porque tengo buena memoria y me acuerdo de los riffs que he hecho, o al menos, de sus tónicas), unos teclados y las voces (a primeras tomas también e improvisando las líneas). Las letras es verdad que no recuerdo bien si las escribí sobre la marcha o si ya las tenía escritas, pues a veces escribo cuando me viene la «inspiración» y luego lo uso en algún proyecto.

El caso es que los cinco temas que forman «Heirs of All Fights» los compuse, grabé, mezclé y mastericé en 8 horas en total (no seguidas). Repito que ésto es algo que no he contado nunca más allá de mis círculos más íntimos, porque no lo he visto nunca relevante, ni he querido que se pensara la peña que me quería colgar medallas por ello. Paso de esa mierda. Pero claro, cuando un proyecto nace de esta manera, luego cualquier cosa que quiera hacer ya no suena igual. Incluso, al parecerse este proyecto tanto a Briargh, todo lo que grababa me sonaba más a Briargh y lo quería usar para ello. Así que realmente Stormstone no tenía un camino fácil de seguir.

Todo en esa grabación transcurrió muy rápido. Enserune se curró esa pedazo de portada en tan sólo 2 días, mientras que Lord Abhorym no tardó mucho tampoco en crear el logotipo. Con estas pedazo de colaboraciones, no dudé en sacar adelante el proyecto. Edité «Heirs of All Fights» en cassette profesional en 2014 y se agotó muy rápidamente. Y tiempo después, Lower Silesian Stronghold (Pol) lo editó en CD, en una edición que me gusta mucho cómo quedó.

Logo por Lord Abhorym. Portada por Enserune.

Los siguientes años fueron, como he comentado: intentar grabar un nuevo trabajo, pero siempre me lo curraba de tal manera que me terminaba sonando a Briargh y, siendo éste más serio e importante para mí, pues lo priorizaba ante Stormstone.

Sin embargo, en 2017 grabé unos temas que me sonaban muy al estilo de «Heirs of All Fights». De hecho, casi parecían de la misma sesión de grabación. Ahí sí lo vi claro y hablé con Vertebrae, quienes se curraron un diseño brutal y lo editaron en split CD junto a Vanth (otro gran proyecto de Heolstor, de Mystagos, Eald, etc.).

Después de esto, he intentado volver a grabar algo que fuera justo en el estilo de Stormstone, pero siempre me terminaba sonando a Briargh. No tiene sentido tener dos proyectos exactamente iguales, y además, llevarlos yo sólo. Si me dijeras que uno es lo que se denomina one-man-band y otro es un grupo, todavía tendría un pase. Pero es que los dos son one-man-band y los dos suenan muy similares. Así que, sintiéndolo mucho, he decidido poner fin a Stormstone y dedicar todos los esfuerzos a Briargh.

En realidad es algo que tengo en mente casi desde el principio, pues el sentido de este proyecto no fue otro que el de realizar una especie de demostración de algo que yo no daba importancia pero que, por lo visto, sí tenía cierta relevancia. Lo que no sé es por qué lo llamé Stormstone y no Briargh directamente. Seguramente sería por grabar esa demo de manera aislada y ya está, pero como tuvo relativo éxito el proyecto, me descolocó bastante.

En fin, no voy a enrollarme más.

Texto por Erun-Dagoth.
Portada de «Heirs of All Fights» por Enserune.
Logo por Lord Abhorym.
Diseño y portada de «A Prophecy to Come» por Skie (Vertebrae).
Compra la edición CD de «Heirs of All Fights» pinchando aquí.
Compra el split CD con Vanth pinchando aquí.
Facebook oficial de Stormstone.
Noticia de la reedición en CD.
Obtén «Heirs of All Fights» en el Bandcamp.
Escucha un tema de  «Heirs of All Fights» en YouTube.

Parece mentira, pero mi anterior publicación se ha hecho viral, de lo cuál estoy enormemente agradecido. He leído muchas reacciones y comentarios en los que se dice estar completa o parcialmente de acuerdo con lo que expongo. Por un lado es normal, pues es algo que creo común a todas las escenas, independientemente del país en el que vivas. Y si me apuras, es hasta común en todos los estilos. Todos conocemos casos y todos coincidimos en que es un lastre para el avance de una escena «sana», ya sea Underground o no. Es decir, si queremos que siga habiendo conciertos, y si nos deja el puto COVID-19, lo normal es apoyar a las bandas. Ya no digo comprando su material, sino al menos yendo a los eventos o mostrando un interés real. Si esto no ocurre, es obvio que mucho interés no hay en que ciertas bandas sigan tocando. Es triste, pero es así.

Sin embargo, esta moneda tiene otra cara. Todos estamos de acuerdo en estas aseveraciones, pero todo sigue y seguirá igual. O sea, mientras asentimos y nos volvemos empáticos temporales con el desastre del Underground que estamos viviendo, hacemos click para ver un vídeo de gatitos, o damos like a la foto sexy de turno y se nos olvida. Porque, por supuesto, no es de esperar que se vayan a remover conciencias. Eso sería demasiado ingenuo. Pero también es demasiado ingenuo pensar que va a haber un cambio de paradigna en el supuesto «sentido correcto». No creo que la mayoría de la gente haya podido hacer una autocrítica real que, a mi parecer, es muy importante hacer. Es casi seguro que al próximo evento que se programe, haya gente que no vaya por cualquier razón. Razón que, muy probablemente, años atrás no habrían ni tenido en cuenta. Pero esto es extensible a cualquier otra forma de apoyo. Estoy seguro de que los videoclips de los grupos de colegas no van a subir en visualizaciones, nos Bandcamp no van a disfrutar de más escuchas o descargas y, en definitiva, la banda local va a seguir comiendo mierda.

Parece que el Underground es más Underground que nunca, pues cada vez estamos menos gente en él

Ahora parece que el Underground se divide en varios subtipos. Está el que sólo compra vinilos, el que dice no mirar Internet (para no parecer menos kvlt o die-hard), el que está en el UG porque no le conoce nadie y sueña con salir en las portadas de las mejores revistas, el que se niega a dar conciertos porque sí… O sea, que no se va a contentar a nadie. ¿Estamos pues ante la muerte del Underground mismo? Al menos tal y como lo hemos conocido, eso parece evidente. Es bien claro que el Mainstream cambió de forma de entenderse, pero parecía que las bandas más under seguían el mismo camino ya trazado previamente, sobreviviendo a las modas, como debía ser. Pero ahora parece que ya no basta con ser ideológicos y perseverantes. Parece que el Underground es más Underground que nunca, pues cada vez estamos menos gente en él. Los conciertos son aún más minoritarios y las ventas son de auténtica carcajada.

Pero oye, ahí seguimos. Editando CDs físicos, vinilos, cintas de cassette profesionales, dando conciertos donde pretendemos meter a más fanáticos de la cochambre musical… Y todo esto ¿Para qué? Creo que la lógica dicta otro tipo de soluciones a este cada vez menor interés por la música subterránea.

Aparentemente, cada uno tiene su propia visión del Underground. Hay tantas definiciones como metalheads. Y en este punto yo pienso si realmente existe ya tal etiqueta o si se perdió con el devenir de los años y la llegada de las nuevas tecnologías. ¿Vosotros qué opináis?

Texto: Erun-Dagoth
Imagen: Fenriz haciendo fenrizadas

Hace unos días hablé de ese fenómeno que era el melómano de datos. Ese supuesto auto proclamado amante de la música, metalero empedernido, fan, etc., cuya colección de discos no solía superar los pocos ejemplares, siendo muchas veces regalos u obsequios de colegas. No es que crea que el 100% de los casos sea deplorable, ni tampoco arremeto contra el truismo de nadie. Tranquilos, vuestra hombría está salvaguardada. Simplemente me choca y comento que no entiendo cómo alguien puede ser fanático de algo sin llegar a invertir realmente en ese algo. No hablo sólo de dinero, sino de auténtico interés.

Hoy trataré otro tema que ya comenté hacia el final de ese artículo. Es un fenómeno extraño y no exento de polémica, pues es algo que se ha hablado repetidas veces entre músicos y otros amigos no necesariamente en el business. Este no es otro que el de esos músicos que llevan años tocando en bandas pero, sin embargo, no escuchan nada nuevo desde que empezaron a tocar, llegando incluso a preferir hacer cualquier otra actividad antes que asistir a un concierto. Es algo realmente extraño. No digo que tengas que ir a todos los conciertos que se perpetren en tu ciudad, pero joder, es que hay gente que nunca ves debajo de los escenarios a no ser que ellos mismos hayan tocado.

Generalmente, también se les une el hecho de no tener gran cosa en discos originales, pero también les falta interés en conocer nuevas bandas o indagar más en la discografía de aquellas que se supone les gusta mucho. Huelga decir, que mucho menos en investigar un poco a nivel Underground.

Que quede claro que no hablo de ningún caso en particular. No escribo esto pensando en alguien concreto. Es una idea de algo que ocurre y seguramente todos conocemos algún caso. Esa típica persona -o personas- que no van a ningún concierto pero luego tocan y te piden que vayas a los suyos. Es como el que no da like nunca a tu página de Facebook pero te pide que le des like tú a la suya. Es una falta total de reciprocidad que, aunque no queramos, no podemos evitar pensar de vez en cuando con cierto hastío o, como mínimo, desaprobación.

Evidentemente, hay casos y casos. Algunos no son muy de redes sociales y no se enteran de los eventos. Entiendo que otros tienen hijos y no pueden escaquearse cada vez que quieran de sus obligaciones conyugales o familiares. Otros tienen turnos jodidos de trabajo. Hay mil cosas que pueden hacer que pierdas fuelle con la asistencia a conciertos. Pero joder, que no vayas nunca, siendo tú una parte supuestamente activa de la escena, que no conozcas nada más allá de Metallica o Iron Maiden, que no tengas más de diez discos originales en tu haber, y de cuando tenías 15 años, etc… Pues me choca. Pero sobretodo me sangra cuando éstos personajes van de trues, o contándote anécdotas de esto o aquello. Salvadores low cost de la escena metalera. Seguro que conoces alguno.

Hace poco, y ahora sí hablaré de un caso concreto, estuve en la entrada de uno de los últimos conciertos que di. Entró un grupo de chavales y chavalas que algunos conocía de vista. Éstos, con sus chupas de cuero, sus ropajes negros, camisetas de grupos… pero no entraron al concierto. No sabían ni que había concierto. Pero es que ni miraron quien tocaba, directamente huyeron porque sólo querían entrar al garito a tomarse algo. Claro que sí, ¡esa es la actitud!

Hay muchas cosas que me enervan. Muchas en general. Hoy me he levantado hasta los cojones de muchas historias que me han ido quemando a lo largo de los años y, como no tengo otra puta cosa que hacer, lo suelto aquí. Lo peor de todo es que sé que mucha gente opina igual.

Hacia el año 2000 y en adelante, era muy común que se descargaran mp3 de todo. Absolutamente todo. Coleccionistas de datos y no de discos, como decía yo. Peña que había dejado de comprar CDs para descargarse discografías, filmografías, etc. Huelga decir que el revival del vinilo aún no había llegado y ni Dios los compraba. Cintas de cassette menos aún. Pero la escena se llenó de fans que tenían gigas y gigas de música que ni escuchaban, eso sí «tenían el disco», aunque fueran ceros y unos en un ordenador lleno de virus.

De pronto, Internet dio alas a un montón de expertos en todo tipo de grupos. Una buena conexión, tu software de descarga gratuito favorito y ya estaba todo. Lo único que se compra es el merchan y eso sólo porque todavía no podemos descargarlo de la red.

Bien es cierto que los die-hard más auténticos lo usaban como complemento, en el mejor de los casos, pero el resto lo usaba como sustitución a las compras. Todo gratis es mejor, ¿no?

La venta de demos y discos descendió automáticamente de una manera bestial. En los 90s era muy común vender 200 demos o más. A partir de la irrupción de AudioGalaxy o SoulSeek, si vendías esas 200 ya era un rotundo éxito.

Todo esto perduró durante unos años, hasta la llegada de YouTube y la subida de discos completos. Tú ponías «Slayer full album» en su buscador y automáticamente eras un experto en la banda. Ya habías oído de todo. No hacía falta comprar ni descargar nada. No hacía falta ni tener el disco, fuera éste físico o datos. Obviamente, la gente que descargaba a degüello dejó de hacerlo.

Ahí tienes YouTube o Spotify, entre otras. Ya no tienes más que buscar y escuchar la demo inédita de Morbid Angel, o esas rarezas y caras B del grupo de turno. Escuchar bandas de Thrash Metal desaparecidas antes de los 90s o cosas que no conocía nadie. Si ya ves el vídeo del experto de turno hablando de la banda, mucho mejor. Porque ya sabemos que lo que vende ya no es la música, sino el morbo.

La cuestión es que, como herramienta de búsqueda y conocimiento no está nada mal. El problema viene cuando llevas 10, 15 ó 20 años escuchando música, con tu chalequito de parches y tus camis molonas, y tu colección de discos originales no llega ni a diez. Que somos muy metaleros todos, pero sólo de festivales de verano y poco más. Luego toca algún grupo cerca y prefieres gastarte el dinero en irte a los bares o comprar juegos en Steam.

Todo esto ha hecho que editar discos no sea rentable para ninguna discográfica, a no ser que lo edulcores de mil movidas. Pero es que tampoco es rentable para la banda editar nada. Total, la tirada mínima es de 500 copias y no vas a vender ni una décima parte. Para vender, tienes que dar muchos conciertos (en los conciertos se vende más) pero, ¿para qué? Esos que no compran discos tampoco van a ir a tu concierto, así que…

El problema está tan integrado y asumido socialmente que ya nos espantamos cuando un concierto vale dinero, aunque sean 5 putos euros. Nos la pela el grupo, su esfuerzo y su tenacidad cuando les pedimos que nos regalen su disco o su camiseta, o simplemente cuando pedimos al de la entrada que nos deje pasar gratis. No hay respeto por lo que se supone que amas como fan. Esto es extensible a todo, no sólo el grupo, también la discográfica, los promotores, garitos, etc.

Y no me refiero únicamente a los chavales y nuevas hornadas (que apenas hay), que hay muchos que sí que consiguen su material lícitamente, sino también a peña curtida, que toca en bandas incluso, y que no compran nada, ya sea de otras bandas de colegas o consagradas.

Y ya de los músicos que no oyen música o no van a conciertos, hablaré más adelante, que tiene tela.

No considero Winterhowl un grupo relevante en mi dilatada historia de proyectos, pero formó un papel más importante del que pueda pensarse para CrystalMoors, Forestdome o incluso Briargh. Aquí hablo de su corta historia.

Winterhowl no sé si considerarlo un grupo oficial, porque realmente no llegamos a hacer gran cosa. A pesar de todo, tuvo su relevancia, pues conformó el estilo que luego seguiría Forestdome, Briargh o incluso CrystalMoors, llegando a usar hasta un tema completo para éstos últimos.

En el año 2000, Asgard (Dark Drakkar, Wolfthrone) y yo éramos muy amigos, como ya comenté en el artículo sobre Wolfthrone. Solíamos vernos casi cada fin de semana y surgió de manera natural el deseo de crear un proyecto juntos. De hecho, la primera idea fue que haríamos entre él y yo Dark Drakkar, pues él tenía ganas de continuar con ese proyecto. Más tarde, mucho después de perder el contacto con él, me enteré de que no era el legítimo dueño de Dark Drakkar ni de su herencia, pero no voy a entrar en morbos estúpidos. El hecho fue que recuerdo momentos de estar yo a la batería y él a la guitarra tocando temas de la última demo de este grupo.

A mí, para ser sinceros, nunca me ha gustado la temática vikinga para un grupo de aquí. Me parece una puta mierda, teniendo nosotros nuestro propio folclore. Tan rico éste, que es hasta diferente en cada región y en cada época histórica. ¿Por qué deberíamos adoptar entonces las creencias de otros pueblos? Pues porque es más jevi, pero como se dice ahora, más metalpaco. Pero bueno, de eso ya hablaré en su momento… La cuestión es que, debido a este pensamiento que he tenido siempre, le di la chapa a Asgard para hacer un grupo distinto, con una temática sobre la Península Ibérica, pues él era de Granada y no era cuestión de meterle la temática cántabra porque sí. Finalmente accedió a este cambio.

Estuvimos barajando nombres, entre ellos, Winterhowl, que creíamos que aportaba una visión bastante certera y directa de lo que queríamos crear. Los roles en el grupo no estaban muy definidos, sólo que él sería guitarrista, mientras que yo sería guitarra y batería, hasta que encontráramos uno que le diera bien a los parches. No lo recuerdo bien, pero tengo papeles donde hacía mis organigramas con el grupo y tengo apuntado «Fehr» al bajo, que era el antiguo mote de Bile (Gathering Darkness, Eldereon). También queríamos contar con Uruksoth (Gathering Darkness, CrystalMoors, Korzo…) para la voz. Pero, a pesar de todo, no recuerdo ningún ensayo con éstos dos últimos.

Yo, como soy un puto culo inquieto, me puse a componer temas y riffs que a Asgard le flipaban. Entre los dos íbamos ensayando esos ritmos y parecía que la cosa poco a poco avanzaba. Dibujé el logo e incluso hice pegatinas. ¡Todo un motivado! De hecho, aún tengo una puesta en la funda rígida de mi bajo.

Pero bueno, como os podréis imaginar, al final no llegamos a hacer nada. Él formó Wolfthrone en ese año 2000 ó 2001. Yo convertí CrystalMoors en banda en el año 2002, creé Forestdome (junto con Uruksoth) y creé también Briargh. Más tarde, Asgard se fue hacia el sur de nuevo creo que a mediados de 2002 y perdimos el contacto.

Obviamente, no llegamos a grabar, pero el tema «North Iberian Sadness & Pride» lo hice para Winterhowl en origen. Por supuesto, cambié algo al letra y algunos riffs fueron modificados con la formación de CrystalMoors, así que, de esta manera, se convirtió en un tema de este grupo. Si alguien ha escuchado nuestro «The Unconquered Land», probablemente se haya fijado que esta canción tiene una orientación mucho más Black Metal que el resto.

Yo no sé qué idea tenía la peña sobre la historia de CrystalMoors, pero como podéis ver, su creación y crecimiento ha sido un auténtico desastre y muchas cosas han sido de casualidad. Poco más puedo añadir, tan sólo que te recomiendo la lectura de las dos partes previas si te quieres enterar bien de todo. Aquí te pongo los enlaces: Parte 1 y Parte 2.

De entrada, ya tenía la primera demo oficial de CrystalMoors, titulada «Thy Gift of Ravens», la cuál fue grabada aún con el nombre de Elder’s Cry. Sin embargo, el resultado me parecía algo pobre para ser editada pero, aún así, me curré un diseño con mis paupérrimos conocimientos de diseño gráfico. Con la anterior encarnación del proyecto no hice ningún logotipo, sino que me ceñí a usar la fuente Old English y a tomar por culo. En esta ocasión hice lo mismo, pero me parecía una propuesta bastante mierdera, así que estuve dándole vueltas al tema durante unos días. Como no tenía scanner, decidí hacerlo en digital directamente. Buena osadía, porque no tenía ni puta idea de cómo empezar, así que me puse a hacer pruebas con el Paint. Sí, amigos, ese logo de CrystalMoors lo hice con el puto Paint. Añadí dos quijadas de caballo a los lados (o de dragón, no sé qué serían) que encontré entre unas ilustraciones que había en una carpeta del videojuego Hexen 2 de PC, al que me había estado viciando, añadí un pentáculo y el resto lo hice con el puntero del Paint. A ver… es algo absurdo todo, he de reconocerlo, pero visualmente no queda tan cutre como explicado, ¿o sí? Bueno, ya da igual. El caso es que me moló y lo dejé así. Después, usé alguna foto que tenía por ahí para la portada y ya estaba el diseño terminado.

A pesar de todo, aún no me llegaba a tomar del todo en serio el proyecto. Tantos años, tantas grabaciones… pero yo seguía dando prioridad a Moonshine. De hecho, justo en esas fechas habíamos grabado «Remembrance», obteniendo unos resultados increíbles.

Ya estábamos en el año 2000 y creí oportuno darle otra oportunidad al proyecto, pero esta vez con mayor seriedad. Hasta ahora, todo había sido grabar demos sin mucho más sentido que el de aprender a tocar y a hacer cosas, sin mayores pretensiones que esas y sin tener en mente nunca editar nada de manera oficial. Esta vez quise hacerlo todo bien. Había aprendido a usar de otra manera el Fast Tracker 2. En lugar de meter las guitarras en línea a través de la minicadena y mi arcaico sistema de grabación de cassettes, pensé en sacarlo por un amplificador y grabarlo por micrófono a trozos, para luego hacer copy+paste y programar las baterías y teclados. El resultado no pudo haber sido mejor para cómo lo hice y así fue cómo nació «At the Moon Realm’s Gate», la segunda demo oficial de CrystalMoors. Ésta tiene algunos temas icónicos de la banda, como «Wrath of Centuries», con el mítico sonido de espadas del principio (que hice rozando unas llaves contra el filo del machete que sacaba en las fotos a veces). Tiene mucha mejor atmósfera y un montón de interludios que conectaban los temas propiamente dichos. En mi opinión, es la mejor de todas las demos. Al menos, la que mejor quedó. A pesar de la indiscutible influencia de Dissection o Satyricon, también introduje el típico tema Doom Metal para seguir con la tradición. A todo esto lo llamé Dark Pagan Metal, pues la temática ya estaba muy inmersa en todo ello. Incluso en el tema «Grief of Winter» ya hablé de las Guerras Cántabras de nuevo, como hicimos en Elder’s Cry cuando ensayábamos como banda. No obstante, aún había un aura de oscuridad, satanismo, ocultismo y negatividad.

Hablé con Fernando (Faramir, que luego entraría en la banda y que además era mi compañero en Moonshine). Él es diseñador gráfico, así y me hizo un diseño que quedó fetén, no como los cutres que me curraba yo. Usé una foto de archivo como portada. La foto no sé de quién cojones era y ni me preocupé en saberlo. ¿Derechos de autor? ¿Qué es eso? Para el interior utilicé una foto que me habían prestado y, como foto mía, una de una sesión de fotos de Moonshine de ese mismo año.

Compré pegatinas para la galleta del CD que, por cierto, aún tengo por ahí. Las imprimió Fernando, saqué las portadas por imprenta y, de este modo, me autofinancié 100 copias que se agotaron echando hostias. Algo impensable hoy en día, pero es que a la gente le encantó la demo. Recibí muchas cartas y emails de gente de otras bandas diciéndome que les había encantado. También moví alguna copia que hice a modo de promo y los fanzines de la época hicieron unas reviews acojonantes. La acogida fue tan buena, que tuve que hacer 50 copias más, que se volvieron a agotar en nada. Entre los primeros emails que recibí sobre ello, uno fue de Juan de Nigra Mors. Le gustó especialmente «At the Moon Realm’s Gate» y me ofreció reeditarla en CDr y cassette. Acepté la propuesta y me puse a trabajar en ello, sin saber aún si haría un diseño nuevo o no… y de pronto se me ocurrió que igual era mejor idea editar algo nuevo.

Y así, durante el verano de 2001, en junio, empecé a componer y grabar cosas de la nueva demo. En esta ocasión ahondé más en la vertiente Black/Death Metal melódica, con mucho blast beat y guturales. Realmente, volqué ahí mis influencias de Moonshine, pues en ocasiones la línea era tan delgada que sonaban igual ambos grupos, aunque obviamente CrystalMoors era más épico. Puse mucho esmero en la producción. Hice una demo realmente larga que bien podría haber sido un álbum completo, con una calidad de sonido superior a la anterior. Las voces eran mucho más trabajadas y los temas tenían un montón de arreglos. Exprimí la capacidad de mi ordenador y la del Fast Tracker 2 al máximo. Titulé a esta demo «Dominion of the Ancient Seal», en honor al Lábaro cántabro ya que las letras eran 100% conceptuales de las Guerras Cántabras, de mi región, sus mitos, leyendas e Historia. Para el diseño, quise contar de nuevo con Faramir, quien hizo un trabajo muy bueno, aunque nunca llegara a entender bien la portada jajaja… También hizo la sesión de fotos. Se vino un día a mi casa y me la hizo en la habitación, aunque se curró la iluminación de tal forma que parece que estoy en otra parte. Completé la grabación en septiembre, y antes de que terminara el año, ya estaba editado.

CrystalMoors 2001. Sesión de fotos de Fernando Navarro (Faramir).

«Dominion of the Ancient Seal» fue lanzado en CDr y en cinta por Nigra Mors. De los CDs se editaron 200 copias, siendo los cassettes limitados a 67 y con la demo de «Thy Gift of Ravens» como bonus track (saliendo así editada por primera y única vez, años después). No sé el tiempo que tardó en agotarse, pero creo que no fue mucho, lo cuál auguraba algo interesante para este proyecto. Hoy en día es un lujo vender ya 50 copias en ocasiones, conque si las ventas superan las 100 ya el triunfo es total. Qué patético y qué triste que esto sea así ahora. Veo muchos imbéciles que dicen ser auténticos fans de esto o aquello, pero que luego su colección de discos originales no superan ni las diez unidades. Sobre esto ya escribiré, pues es algo que nos enerva a unos cuantos.

Volviendo a la demo, su música era bastante más compleja, con algún interludio pero pensada para mantener el estilo de todo lo anterior. Se inicia y se termina por sendos temas de Doom Metal al más puro estilo de bandas como Paradise Lost (lo antiguo, claro está) o My Dying Bride, como venía siendo habitual, pero pasando por temas realmente rápidos y otros mucho más épicos, como el ya mítico «Crown of Wolves», que regrabaríamos como banda unos pocos años después.

Ahora voy a comentar otro giro que puede que sea un poco lío. Durante este año de 2001, yo había estado ensayando con Asgard (ex-Dark Drakkar, Wolfthrone) en un proyecto llamado Winterhowl, en el que iba a participar también Uruksoth, proyecto del que ya hablaré. Había estado componiendo unos riffs y había llegado a hacer un tema entero, que titulé «North Iberian Sadness & Pride», con sus letras y todo. Como veía que no se iba a hacer nada con Winterhowl, decidí dar un paso más y fusionar eso en CrystalMoors. Así que ya tenía un nuevo tema en el repertorio. Entre finales de 2001 y principios de 2002, decidí dar otro paso y metí en la banda finalmente a Uruksoth de cantante y a Gharador de batería, con quienes hacía un Pagan/Black Metal muy cañero, tocando entre otros, el tema «North Iberian Sadness & Pride».

En el año 2002 Moonshine se fue a la mierda, y me puse a hacer con Faramir (guitarra y voz) y Gothmog (teclados) una especie de proyecto muy al estilo Falkenbach. Para los ensayos, yo opté por tocar la batería, no sé por qué, porque era malísimo. De esas cosas raras que hago yo… Hicimos un tema llamado «War Cries on Vindio», que a alguno le sonará, y no sonaba nada mal. Pero mientras pensaba algún nombre para llamar al proyecto, se me iluminó la bombilla y fusioné ambos proyectos en uno. Pasé a la guitarra, dejando las labores bateriles a Gharador (infinitamente mejor que yo a los parches). Nos faltaba un bajista, así que hablé con Throrus (Stygian), un colega con el que parábamos. Aceptó el reto. De ese modo, CrystalMoors se convirtió en un auténtico clan de seis descerebrados, y la etiqueta pasó a denominarse Cantabrian Pagan Metal.

Soy un auténtico desastre, así que no he podido encontrar copias decentes de las demos para poder subirlas a YouTube, así que agradecería se me enviara alguna aunque sea en mp3.