Debido al veto que existe contra el señor Varg Vikernes / Burzum por parte de las redes sociales, gestionadas principalmente por Google y Facebook, así como otras bandas que han sido censuradas por el contenido de sus letras y demás, me ha dado por pensar en algo…

La censura es algo que siempre ha existido, y si no, que les pregunten a Deicide o Cannibal Corpse. Pero claro, ahora ya no vale que hables de Burzum o pongas un tema en tu red social, sino que si has salido alguna vez en una sesión de fotos de tu grupo con una camiseta suya, es muy posible que también te jodan. Ya hablo de esto en otro post que, si no lo has leído, pues ya estás tardando.

La cuestión es que ahora se empieza por aquí, pero es muy posible que esto continúe. Hay más bandas prohibidas en la escena. Sobre todo, aquellas que tratan temas más escabrosos y ofensivos para los gilipollas que se ofenden por cualquier chorrada. También he hablado de la puta tendencia que hay de domesticar todo. Pero, ¿hasta dónde irá esto? Es decir, ahora se empieza por prohibir una conducta, luego un grupo de música, unas portadas, un estilo… Al final nos prohibirán el Metal Extremo, a no ser que hables de veganismo, wicca o bosques nórdicos.

Al final, todos estos cabrones, que controlan los puntos más importantes de tránsito de información en Internet, nos pretenden adoctrinar sobre qué pensar, cómo tocar nuestra música, cómo sentirla, oírla y hasta de cómo vestir. Que no os extrañe que el algoritmo de Facebook cualquier día busque y borre fotos con corpse-painting.

Ya hubo bandas hace muchos años que renegaron de Internet y de las incipientes redes sociales (al menos, al principio). Pero al final, si quieres que tu banda sea conocida más allá de tu pareja o tus colegas más cercanos, tienes que entrar por el aro. Puede que hace 15 años mereciera la pena cagarse en estos estrictos y radicales principios, porque al menos, salían conciertos guapos a los que la gente asistía y vendías un número relativamente decente de material. Pero, ¿y ahora? Ahora es tan jodido vender tu música, sobresalir entre la inmensidad de bandas de puta madre (o de puta pena, según se mire), es tan difícil tocar conciertos (y más ahora con la COVID), que ya da igual que tengas un Facebook de mierda con 3000 seguidores. No es suficiente y el Gran Hermano te vigila. Como hagas algo que no le guste, te borra la cuenta sin pestañear.

Parece mentira, pero al final el Underground va a ser realmente el Underground. Parece que la mejor opción es alejarse de todo este circo para poder ofrecer tu arte sin censuras de ningún tipo. Actualmente, es relativamente sencillo autogestionarse una edición, por lo que ni siquiera es necesario la intervención de discográficas. Algunas sí harán su trabajo, pero la inmensa mayoría no. Éstas no van a mimar tu trabajo más de lo que lo haces tú mismo.

Nadie debería censurar tu portada. Ni una discográfica, ni una red social, ni algún fan remilgado.

Llegados a este punto, cabe preguntarse si los fans de lo brutal deberíamos buscar otros modos de proceder a la hora de sacar un disco. Tal vez autoediciones del tipo que sea, exentos de Internet (nada más que para lo básico, pues al menos los emails por ahora no los vetan). Quizás se debería crear una comunidad en los ya desaparecidos foros, o volver a los catálogos impresos… ¿Tú qué opinas?

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