Cuántas historias se conocen de tal lugar de perdición. Un vórtice tenebroso, lleno de maldad y porquería humana. Cuna de batallas roleras, alaridos satánicos y hordas infectas de orcos borrachos. Ese lugar existió en nuestro mundo, en un ahora barrio de Santander. Era la Nave de Monte.

La verdad es que no recuerdo cuándo se alquiló la famosa Nave de Monte (sí, con mayúsculas y en negrita). Pero, según creo recordar, era una nave-almacén del padre de Varkhen (Hrizg, Fatal Portrait, Bittencross, Korzo), que apenas usaba y que nos cedió para ensayar a cambio del pago de su alquiler, obviamente.

Aquí empezaron a ensayar los Fatal Portrait, una banda de Black Metal que justo ese año habían empezado a hacer ruido, tras la disolución de su antigua banda Finis Africae (Thrash/Death Metal). Por cierto, nunca entendí que un grupo se llamara Finis Africae, pero bueno, lo dice alguien que pone los nombres más extraños a sus proyectos, así que… continuemos.

 

Chus, batería de Gathering Darkness, haciendo el cabra en algún momento de 1999.

La transformación a Fatal Portrait ocurrió en 1998, justo cuando nacieron los Gathering Darkness quienes también entraron a la Nave, seguidos de Moonshine, que nos habíamos cambiado de local. Hasta ese momento, Moonshine ensayábamos en el desván de la casa de los padres de Fernando (guitarrista), pero pensamos que compartir local con éstos nos vendría mejor. Joder… ¡Y tanto! Es más, ya se usaba de antes y, me suena, que los inicios de Wayne también estuvieron por esos años. Así que fácilmente pudo estar en vigor desde un par de años antes, tranquilamente. Pero la época que nos interesa es la de 1998 en adelante. Así, porque lo digo yo.

La Nave de Monte era muy grande. Estaba adosada a otra y era muy gracioso porque ésta otra era «La Granja del Pony». Un lugar muy cuqui en el que los chavalillos y chavalillas montaban en los susodichos. No sé si había caballos también o qué hostias, pero allí tenían un cerco donde daban vueltas. Este detalle parece no tener importancia, pero esto hacía que el entorno fuera algo más absurdo. Además, cuando ensayábamos alguna mañana, nuestro puto ruido les molestaba y siempre había que parar un rato para que los bichos no se encabritaran. Aunque, en realidad, los que creo que se encabritaban eran los dueños.

Monte ahora es un barrio de Santander. En aquellos tiempos igual era un pueblo, no estoy seguro. El caso es que ahora todo eso está bien comunicado, asfaltado y tal, pero para llegar allí, teníamos que caminar bastante. Nadie teníamos coche y era un buen trecho entre campos, alguna casa de gitanos, un túnel bajo la carretera (que parecía la madriguera de alguna criatura infecta) y así hasta llegar al lugar. A veces era tan pintoresco que ni el puto Frodo habría pasado por ahí, pero éramos unos valientes.

La construcción era bastante vieja y no estaba nada cuidada. Por dentro era diáfano, pero había una pequeña oficina cerrada, que creo que nunca se usó, y un baño. Lo del baño merece capítulo aparte, pues al principio guay, pero al poco aquello era una inmunda cloaca de mierda, meaos, cartones mojados, botellas vacías y las arañas más grandes que he visto en mi puta vida.

Yo, riéndome como un subnormal por algún motivo random.

El espacio que usábamos estaba compartimentado en varias partes, coronadas cada una por una batería y algunos amplificadores. Lógicamente, los perros de Fatal Portrait se quedaron la mejor sección y el resto del local lo dividimos entre el resto. Era común entrar un día para ensayar y ver otra batería montada, porque resultaba que había entrado otra banda que al mes se piraba, o cosas así.

Allí hubo unos ensayos brutales, de las bandas antes citadas y otras que emergieron, como Hearse (Black Metal), Elder’s Cry (Pagan Metal), Stygian (Heavy/Thrash Metal), otros proyectos de fin de semana y fijo que me dejo más. Pero lo realmente jodido eran las fiestas que nos pegábamos ahí.

La Nave de Monte vio cómo nos juntábamos un montón de chavales, armados de litros hasta las cejas, que se ponían a beber como trolls cualquier día de la semana. Los fines de semana ya eran el Horror. Cada poco tiempo, se formaba una montaña de basura tal que teníamos que meter -literalmente- un contenedor de basura de la calle (lo cuál ya era una proeza, porque estaba a tomar por culo, imaginaos la estampa) e introducir la mierda a palazos. Tan cerdos éramos que nadie era capaz de guardar las botellas en una bolsa y tirarla después. Las íbamos acumulando hasta que la cosa era demasiado exagerada.

Los que generalmente la liábamos siempre, éramos los Gathering Darkness y yo. Normalmente, se nos sumaban otros colegas pero, de los que allí ensayábamos, nosotros éramos los más fieles. El resto iban de cuando en cuando. Nosotros siempre.

Recuerdo peña pegarse, mear y vomitar por la zona… una gran rata (Marisona), que hacía acto de presencia de vez en cuando… Las putas mega-arañas aquellas… discusiones absurdas por la música… Allí pasaba de todo.

En una noche muy etílica, a Chus (batería de Gathering Darkness) le dio por destrozar su propio kit de batería, sobre el cuál algunos saltábamos haciendo mosh (y dándonos unas hostias buenas). También recuerdo a alguien dormido etílicamente sobre la montaña de basura, pero no recuerdo quién era.

Yo tocando la batería de Chus, y éste haciendo algo que no sé qué es.

Ese mismo año, a Bile (bajista de Gathering Darkness y luego de Eldereon) y a mi nos dio por beber San Miguel. ¿Por qué? Pues porque daban puntos canjeables por cosas. En cuestión de dos o tres semanas, sacamos los suficientes puntos para pillar un polo, dos gorras, una bandeja, un paraguas, unas gafas de sol… pero… ¿Para qué?  Pues qué más da, porque sí.

A todo esto, ensayábamos y éramos muy productivos. Gathering Darkness debutaron con Karonte en diciembre de ese mismo año y nosotros estuvimos dando conciertos con Moonshine, mientras que Fatal Portrait llegaron a grabar y todo. Eso sí, el resto de proyectos que formábamos no pasaban de algunos ensayos.

En esa nave llegamos incluso a jugar partidas de rol. Era un descojono, porque empezábamos la partida -al RuneQuest, normalmente- sobre las 16:00 de la tarde, con toda nuestra buena intención, pero con litros. Así que era gracioso ver cómo la peña se iba tajando sin saberlo, pues no era una actividad que asociaras al beber. Intentábamos mantenernos cuerdos, pero tras cuatro horas de beber sin parar, sentados y en calma, nos dábamos cuenta de que estábamos con un pedo del quince. Emitíamos frases inconexas que yo intentaba entender, o tiraban los dados a tomar por culo, como si fuera lo más normal, o nos inventábamos situaciones en la partida de lo más inverosímiles. Aquí habría dado grandes momentos de inspiración a Stephen King o incluso a David Lynch… o no, tal vez no…

Que alguien me explique esto…

Y esas Nocheviejas… Aquello no tenía nombre. Ahí sí que nos congregábamos todos los grupos, con colegas, parejas, etc. Menudo hervidero de inmundicia mental. Peña tirada, humo, basura, risas, música, mucho ruido, cristales rotos, vómitos, discusiones… La más memorable fue la última, el último día de la nave. Cuando teníamos que dejarla ya, pues vencía el contrato. Esa Nochevieja fue la hostia. Rompimos todas las botellas que allí teníamos contra la pared, destruimos todo. También tiramos las botellas de nuestra colección de San Miguel. Esas que nos hizo ganar tantos «premios» a Bile y a mi. Hasta un televisor que había por ahí. Titiboy, un colega, tiró una botella que hizo carambola y terminó jodiendo el lavabo del baño. Ríos, el bajista de entonces de Fatal Portrait, se cayó sobre los cristales rotos. Una gran despedida. Nos faltó prender fuego a algo. La cuestión es que no recuerdo si fue la Nochevieja de 1999 al 2000, o la del año siguiente.

Así que nada, cada uno tiró por un lado después, aunque Gathering Darkness y Moonshine volvimos a coincidir en el 2001 en un local, pero ya no era lo mismo. Ni parecido.

Texto por Erun-Dagoth.
Imágenes cedidas por Bile.

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