Hay muchas cosas que me enervan. Muchas en general. Hoy me he levantado hasta los cojones de muchas historias que me han ido quemando a lo largo de los años y, como no tengo otra puta cosa que hacer, lo suelto aquí. Lo peor de todo es que sé que mucha gente opina igual.

Hacia el año 2000 y en adelante, era muy común que se descargaran mp3 de todo. Absolutamente todo. Coleccionistas de datos y no de discos, como decía yo. Peña que había dejado de comprar CDs para descargarse discografías, filmografías, etc. Huelga decir que el revival del vinilo aún no había llegado y ni Dios los compraba. Cintas de cassette menos aún. Pero la escena se llenó de fans que tenían gigas y gigas de música que ni escuchaban, eso sí «tenían el disco», aunque fueran ceros y unos en un ordenador lleno de virus.

De pronto, Internet dio alas a un montón de expertos en todo tipo de grupos. Una buena conexión, tu software de descarga gratuito favorito y ya estaba todo. Lo único que se compra es el merchan y eso sólo porque todavía no podemos descargarlo de la red.

Bien es cierto que los die-hard más auténticos lo usaban como complemento, en el mejor de los casos, pero el resto lo usaba como sustitución a las compras. Todo gratis es mejor, ¿no?

La venta de demos y discos descendió automáticamente de una manera bestial. En los 90s era muy común vender 200 demos o más. A partir de la irrupción de AudioGalaxy o SoulSeek, si vendías esas 200 ya era un rotundo éxito.

Todo esto perduró durante unos años, hasta la llegada de YouTube y la subida de discos completos. Tú ponías «Slayer full album» en su buscador y automáticamente eras un experto en la banda. Ya habías oído de todo. No hacía falta comprar ni descargar nada. No hacía falta ni tener el disco, fuera éste físico o datos. Obviamente, la gente que descargaba a degüello dejó de hacerlo.

Ahí tienes YouTube o Spotify, entre otras. Ya no tienes más que buscar y escuchar la demo inédita de Morbid Angel, o esas rarezas y caras B del grupo de turno. Escuchar bandas de Thrash Metal desaparecidas antes de los 90s o cosas que no conocía nadie. Si ya ves el vídeo del experto de turno hablando de la banda, mucho mejor. Porque ya sabemos que lo que vende ya no es la música, sino el morbo.

La cuestión es que, como herramienta de búsqueda y conocimiento no está nada mal. El problema viene cuando llevas 10, 15 ó 20 años escuchando música, con tu chalequito de parches y tus camis molonas, y tu colección de discos originales no llega ni a diez. Que somos muy metaleros todos, pero sólo de festivales de verano y poco más. Luego toca algún grupo cerca y prefieres gastarte el dinero en irte a los bares o comprar juegos en Steam.

Todo esto ha hecho que editar discos no sea rentable para ninguna discográfica, a no ser que lo edulcores de mil movidas. Pero es que tampoco es rentable para la banda editar nada. Total, la tirada mínima es de 500 copias y no vas a vender ni una décima parte. Para vender, tienes que dar muchos conciertos (en los conciertos se vende más) pero, ¿para qué? Esos que no compran discos tampoco van a ir a tu concierto, así que…

El problema está tan integrado y asumido socialmente que ya nos espantamos cuando un concierto vale dinero, aunque sean 5 putos euros. Nos la pela el grupo, su esfuerzo y su tenacidad cuando les pedimos que nos regalen su disco o su camiseta, o simplemente cuando pedimos al de la entrada que nos deje pasar gratis. No hay respeto por lo que se supone que amas como fan. Esto es extensible a todo, no sólo el grupo, también la discográfica, los promotores, garitos, etc.

Y no me refiero únicamente a los chavales y nuevas hornadas (que apenas hay), que hay muchos que sí que consiguen su material lícitamente, sino también a peña curtida, que toca en bandas incluso, y que no compran nada, ya sea de otras bandas de colegas o consagradas.

Y ya de los músicos que no oyen música o no van a conciertos, hablaré más adelante, que tiene tela.

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