Ya hablé hace un tiempo de los músicos ególatras y gente que se viene muy arriba en las redes sociales. También he hablado de peña que se piensa que son guerreros medievales incomprendidos en un mundo moderno. Y yo sigo con mi personal cruzada anti-capulleces. Más que nada, porque a veces se pierde la perspectiva y el ridículo está siempre al acecho.

Antes estuve leyendo un rato el libro de Seven Inches of Death, de Andreas Hertkorn, donde por lo visto también participa un tal Dima Andreyuk, de Tough Riffs Magazine. Aún no he leído tanto como para verter una opinión sobre ello y, de hecho, dudo que le interese a nadie leer dicha opinión. Sin embargo, sí que me ha llamado la atención un comentario que hace Dima.

Para el que no lo sepa, este libro trata sobre los primeros 7″ de Death Metal (y géneros similares, pues también he visto algo de Grindcore) que fueron editados entre finales de los 80s y principios de los 90s. La época dorada del Underground extremo para muchos (los más viejos, sobretodo). El comentario que hace Dima es algo así como que en esos gloriosos tiempos, las bandas se pagaban las portadas, diseños e incluso los estudios de grabación de sus propios bolsillos. Y joder, aquí en España -que yo sepa- muy rara vez ha ocurrido lo contrario. Tal vez a finales de los 80s o principios de los 90s podría ser (si alguien conoce alguna anécdota al respecto, me gustaría saberla), pero a mediados/finales, y en adelante, esto era casi impensable.

Yo sí me he topado con sellos que se preocupaban en pagar las portadas o diseños, pero rara vez el estudio. Como mucho llegaban a una cantidad ínfima. Vale que ahora con el Internet y las descargas es más jodido de amortizar, pero es que en los 90s tampoco lo viví. Para pagarnos la demo de Moonshine de «Remembrance», que la grabamos en Sonido XXI (uno de los mejores estudios de la época), estuvimos tocando mucho durante un par de años, ahorrando todo ese dinero. Y a pesar de todo, tuvimos que poner pasta de nuestros bolsillos. Quizá grupos más tochos y con mayor solera no necesiten hacer esto, aunque dentro del Metal Extremo Underground, diría que no. Otros estilos como el Heavy, Power o el Thrash ni puta idea.

Esto es sólo el preludio, pues a lo que voy es que para nosotros siempre ha sido así. Hay que ser realistas con la situación. No conozco otras escenas, pero en España tener un grupo de Death Metal era un hobby a fondo perdido. A pesar de esto, había muuuuchos flipados que pretendían sacar chusco del tema de cualquier manera, como si estuvieran en E.E.U.U. o Suecia.

He llegado a oír pedir cachés altísimos a bandas es escasa trayectoria, véase un disco autoeditado y creyéndose los nuevos Behemoth o Dimmu. También me han cobrado 5€ + gastos por una demo y cuál fue mi sorpresa cuando me llegó un CDr en slimcase con una portada fotocopiada o impresa, y con un sólo tema. Cuando le dije al colega que se había columpiado un poco con esto, me respondió que es que tenía que amortizar las horas de estudio de grabación. A ver, que tampoco le odié ni nada, pero este tipo de cosas me parecen un poco lejanas a la realidad que vivimos. Han pasado como 5 años desde eso, así que supongo que aún no haya cubierto ese gasto a base de vender CDrs

Está claro que cada uno puede tomarse su grupo como quiera, pero pretender llegar lejos, vivir de ello o ser famoso, es una meta que te va a frustrar muchísimo porque no lo vas a conseguir. Entonces, lo que va a quedar es que fuiste un capullo y «de gratis». En realidad es todavía peor, porque la verdad es que seguramente hayas palmado pasta por el camino. Comprar instrumentos, amplificadores, meter horas, aprender, pagar locales, componer y entrar al estudio… ¿Cómo se cuantifica eso? ¿Es cuantificable? No merece la pena. A la gente se le olvida rápido que la principal función de tener una banda extrema under es cubrir un vacío creativo que, una vez realizado, se supone que te tiene que hacer sentir bien. No estamos aquí para ganar dinero como único objetivo. Entonces, haríamos música Indie o Pop.

Otra cosa es que, además de tocar en tus bandas extremas, tengas otros «negocios», como ser productor, tener un sello (ejem… mal ejemplo), un estudio de grabación, como hacen otros músicos de la escena. Estos complementos son los que sí pueden hacer que saques un dinero o incluso que vivas de ello. Pero si pretendes vivir de tu grupo de Death o Black Metal, vas jodido.

Tampoco estoy en contra de la gente que da un valor a su trabajo y, habiendo demanda, le ponga una cifra. Si te pasas en este caché, pues el promotor no te contratará y ya está. Pero no tendría que pasar más. Esto es como el trabajo: oferta y demanda. Si tu grupo no atrae a más de 30 personas a nivel local, pues no te flipes pidiendo pasta. Creo que en eso estamos todos de acuerdo, seguramente estés pensando. Entonces, ¿por qué se sigue cayendo en estos errores? Bueno, pues porque me parece que a veces somos tan subnormales que perdemos el contacto con la realidad. Hacemos un disco que pensamos «joder, esto es insuperable!», y se nos olvida que hay 500 bandas más haciendo discos «insuperables» que están en tu misma situación.

Hay bandas que se preocupan más de aglutinar likes en sus páginas de Facebook, de conseguir followers en Instagram (o fuckowers en los perfiles de los músicos/as, según se mire, aunque esto da para otro post muy extenso). Otras se gastan miles de euros en una grabación, con unos diseños o portadas impresionantes pero se les olvida la promoción. Y lo peor, que parece que se nos olvida, que los tiempos han cambiado y los chavales que iban a los conciertos ahora son mayores y ya no van tanto. Que apenas hay relevo generacional y éste, en su mayoría, está amongolado por las putas redes sociales o los videojuegos. Que esos tiempos de quedar con los colegas horas antes de un concierto para ir de litros y desfasarte en un evento de una banda local ya pasaron y, viendo cómo están las cosas, no volverán. Súmale la masificación de grupos cojonudos que hay por ahí en las mismas circunstancias que el tuyo y verás que «ir de algo» en esta escena no tiene ningún sentido y resulta sumamente patético (o divertido, depende del caso).

Así que puedes mostrarte todo lo que quieras en las RRSS, inventarte una vida paralela super rockstar, documentar tus viajes metaleros molones o incluso mostrar lo bien que tocas la pandereta con doble bombo, pero tus escasos 20 likes no van a hacer que puedas colgar tus hábitos laborales. No flipemos…

Texto: Erun-Dagoth
Imagen obtenida por la red.

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