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No considero Winterhowl un grupo relevante en mi dilatada historia de proyectos, pero formó un papel más importante del que pueda pensarse para CrystalMoors, Forestdome o incluso Briargh. Aquí hablo de su corta historia.

Winterhowl no sé si considerarlo un grupo oficial, porque realmente no llegamos a hacer gran cosa. A pesar de todo, tuvo su relevancia, pues conformó el estilo que luego seguiría Forestdome, Briargh o incluso CrystalMoors, llegando a usar hasta un tema completo para éstos últimos.

En el año 2000, Asgard (Dark Drakkar, Wolfthrone) y yo éramos muy amigos, como ya comenté en el artículo sobre Wolfthrone. Solíamos vernos casi cada fin de semana y surgió de manera natural el deseo de crear un proyecto juntos. De hecho, la primera idea fue que haríamos entre él y yo Dark Drakkar, pues él tenía ganas de continuar con ese proyecto. Más tarde, mucho después de perder el contacto con él, me enteré de que no era el legítimo dueño de Dark Drakkar ni de su herencia, pero no voy a entrar en morbos estúpidos. El hecho fue que recuerdo momentos de estar yo a la batería y él a la guitarra tocando temas de la última demo de este grupo.

A mí, para ser sinceros, nunca me ha gustado la temática vikinga para un grupo de aquí. Me parece una puta mierda, teniendo nosotros nuestro propio folclore. Tan rico éste, que es hasta diferente en cada región y en cada época histórica. ¿Por qué deberíamos adoptar entonces las creencias de otros pueblos? Pues porque es más jevi, pero como se dice ahora, más metalpaco. Pero bueno, de eso ya hablaré en su momento… La cuestión es que, debido a este pensamiento que he tenido siempre, le di la chapa a Asgard para hacer un grupo distinto, con una temática sobre la Península Ibérica, pues él era de Granada y no era cuestión de meterle la temática cántabra porque sí. Finalmente accedió a este cambio.

Estuvimos barajando nombres, entre ellos, Winterhowl, que creíamos que aportaba una visión bastante certera y directa de lo que queríamos crear. Los roles en el grupo no estaban muy definidos, sólo que él sería guitarrista, mientras que yo sería guitarra y batería, hasta que encontráramos uno que le diera bien a los parches. No lo recuerdo bien, pero tengo papeles donde hacía mis organigramas con el grupo y tengo apuntado «Fehr» al bajo, que era el antiguo mote de Bile (Gathering Darkness, Eldereon). También queríamos contar con Uruksoth (Gathering Darkness, CrystalMoors, Korzo…) para la voz. Pero, a pesar de todo, no recuerdo ningún ensayo con éstos dos últimos.

Yo, como soy un puto culo inquieto, me puse a componer temas y riffs que a Asgard le flipaban. Entre los dos íbamos ensayando esos ritmos y parecía que la cosa poco a poco avanzaba. Dibujé el logo e incluso hice pegatinas. ¡Todo un motivado! De hecho, aún tengo una puesta en la funda rígida de mi bajo.

Pero bueno, como os podréis imaginar, al final no llegamos a hacer nada. Él formó Wolfthrone en ese año 2000 ó 2001. Yo convertí CrystalMoors en banda en el año 2002, creé Forestdome (junto con Uruksoth) y creé también Briargh. Más tarde, Asgard se fue hacia el sur de nuevo creo que a mediados de 2002 y perdimos el contacto.

Obviamente, no llegamos a grabar, pero el tema «North Iberian Sadness & Pride» lo hice para Winterhowl en origen. Por supuesto, cambié algo al letra y algunos riffs fueron modificados con la formación de CrystalMoors, así que, de esta manera, se convirtió en un tema de este grupo. Si alguien ha escuchado nuestro «The Unconquered Land», probablemente se haya fijado que esta canción tiene una orientación mucho más Black Metal que el resto.

Yo no sé qué idea tenía la peña sobre la historia de CrystalMoors, pero como podéis ver, su creación y crecimiento ha sido un auténtico desastre y muchas cosas han sido de casualidad. Poco más puedo añadir, tan sólo que te recomiendo la lectura de las dos partes previas si te quieres enterar bien de todo. Aquí te pongo los enlaces: Parte 1 y Parte 2.

De entrada, ya tenía la primera demo oficial de CrystalMoors, titulada «Thy Gift of Ravens», la cuál fue grabada aún con el nombre de Elder’s Cry. Sin embargo, el resultado me parecía algo pobre para ser editada pero, aún así, me curré un diseño con mis paupérrimos conocimientos de diseño gráfico. Con la anterior encarnación del proyecto no hice ningún logotipo, sino que me ceñí a usar la fuente Old English y a tomar por culo. En esta ocasión hice lo mismo, pero me parecía una propuesta bastante mierdera, así que estuve dándole vueltas al tema durante unos días. Como no tenía scanner, decidí hacerlo en digital directamente. Buena osadía, porque no tenía ni puta idea de cómo empezar, así que me puse a hacer pruebas con el Paint. Sí, amigos, ese logo de CrystalMoors lo hice con el puto Paint. Añadí dos quijadas de caballo a los lados (o de dragón, no sé qué serían) que encontré entre unas ilustraciones que había en una carpeta del videojuego Hexen 2 de PC, al que me había estado viciando, añadí un pentáculo y el resto lo hice con el puntero del Paint. A ver… es algo absurdo todo, he de reconocerlo, pero visualmente no queda tan cutre como explicado, ¿o sí? Bueno, ya da igual. El caso es que me moló y lo dejé así. Después, usé alguna foto que tenía por ahí para la portada y ya estaba el diseño terminado.

A pesar de todo, aún no me llegaba a tomar del todo en serio el proyecto. Tantos años, tantas grabaciones… pero yo seguía dando prioridad a Moonshine. De hecho, justo en esas fechas habíamos grabado «Remembrance», obteniendo unos resultados increíbles.

Ya estábamos en el año 2000 y creí oportuno darle otra oportunidad al proyecto, pero esta vez con mayor seriedad. Hasta ahora, todo había sido grabar demos sin mucho más sentido que el de aprender a tocar y a hacer cosas, sin mayores pretensiones que esas y sin tener en mente nunca editar nada de manera oficial. Esta vez quise hacerlo todo bien. Había aprendido a usar de otra manera el Fast Tracker 2. En lugar de meter las guitarras en línea a través de la minicadena y mi arcaico sistema de grabación de cassettes, pensé en sacarlo por un amplificador y grabarlo por micrófono a trozos, para luego hacer copy+paste y programar las baterías y teclados. El resultado no pudo haber sido mejor para cómo lo hice y así fue cómo nació «At the Moon Realm’s Gate», la segunda demo oficial de CrystalMoors. Ésta tiene algunos temas icónicos de la banda, como «Wrath of Centuries», con el mítico sonido de espadas del principio (que hice rozando unas llaves contra el filo del machete que sacaba en las fotos a veces). Tiene mucha mejor atmósfera y un montón de interludios que conectaban los temas propiamente dichos. En mi opinión, es la mejor de todas las demos. Al menos, la que mejor quedó. A pesar de la indiscutible influencia de Dissection o Satyricon, también introduje el típico tema Doom Metal para seguir con la tradición. A todo esto lo llamé Dark Pagan Metal, pues la temática ya estaba muy inmersa en todo ello. Incluso en el tema «Grief of Winter» ya hablé de las Guerras Cántabras de nuevo, como hicimos en Elder’s Cry cuando ensayábamos como banda. No obstante, aún había un aura de oscuridad, satanismo, ocultismo y negatividad.

Hablé con Fernando (Faramir, que luego entraría en la banda y que además era mi compañero en Moonshine). Él es diseñador gráfico, así y me hizo un diseño que quedó fetén, no como los cutres que me curraba yo. Usé una foto de archivo como portada. La foto no sé de quién cojones era y ni me preocupé en saberlo. ¿Derechos de autor? ¿Qué es eso? Para el interior utilicé una foto que me habían prestado y, como foto mía, una de una sesión de fotos de Moonshine de ese mismo año.

Compré pegatinas para la galleta del CD que, por cierto, aún tengo por ahí. Las imprimió Fernando, saqué las portadas por imprenta y, de este modo, me autofinancié 100 copias que se agotaron echando hostias. Algo impensable hoy en día, pero es que a la gente le encantó la demo. Recibí muchas cartas y emails de gente de otras bandas diciéndome que les había encantado. También moví alguna copia que hice a modo de promo y los fanzines de la época hicieron unas reviews acojonantes. La acogida fue tan buena, que tuve que hacer 50 copias más, que se volvieron a agotar en nada. Entre los primeros emails que recibí sobre ello, uno fue de Juan de Nigra Mors. Le gustó especialmente «At the Moon Realm’s Gate» y me ofreció reeditarla en CDr y cassette. Acepté la propuesta y me puse a trabajar en ello, sin saber aún si haría un diseño nuevo o no… y de pronto se me ocurrió que igual era mejor idea editar algo nuevo.

Y así, durante el verano de 2001, en junio, empecé a componer y grabar cosas de la nueva demo. En esta ocasión ahondé más en la vertiente Black/Death Metal melódica, con mucho blast beat y guturales. Realmente, volqué ahí mis influencias de Moonshine, pues en ocasiones la línea era tan delgada que sonaban igual ambos grupos, aunque obviamente CrystalMoors era más épico. Puse mucho esmero en la producción. Hice una demo realmente larga que bien podría haber sido un álbum completo, con una calidad de sonido superior a la anterior. Las voces eran mucho más trabajadas y los temas tenían un montón de arreglos. Exprimí la capacidad de mi ordenador y la del Fast Tracker 2 al máximo. Titulé a esta demo «Dominion of the Ancient Seal», en honor al Lábaro cántabro ya que las letras eran 100% conceptuales de las Guerras Cántabras, de mi región, sus mitos, leyendas e Historia. Para el diseño, quise contar de nuevo con Faramir, quien hizo un trabajo muy bueno, aunque nunca llegara a entender bien la portada jajaja… También hizo la sesión de fotos. Se vino un día a mi casa y me la hizo en la habitación, aunque se curró la iluminación de tal forma que parece que estoy en otra parte. Completé la grabación en septiembre, y antes de que terminara el año, ya estaba editado.

CrystalMoors 2001. Sesión de fotos de Fernando Navarro (Faramir).

«Dominion of the Ancient Seal» fue lanzado en CDr y en cinta por Nigra Mors. De los CDs se editaron 200 copias, siendo los cassettes limitados a 67 y con la demo de «Thy Gift of Ravens» como bonus track (saliendo así editada por primera y única vez, años después). No sé el tiempo que tardó en agotarse, pero creo que no fue mucho, lo cuál auguraba algo interesante para este proyecto. Hoy en día es un lujo vender ya 50 copias en ocasiones, conque si las ventas superan las 100 ya el triunfo es total. Qué patético y qué triste que esto sea así ahora. Veo muchos imbéciles que dicen ser auténticos fans de esto o aquello, pero que luego su colección de discos originales no superan ni las diez unidades. Sobre esto ya escribiré, pues es algo que nos enerva a unos cuantos.

Volviendo a la demo, su música era bastante más compleja, con algún interludio pero pensada para mantener el estilo de todo lo anterior. Se inicia y se termina por sendos temas de Doom Metal al más puro estilo de bandas como Paradise Lost (lo antiguo, claro está) o My Dying Bride, como venía siendo habitual, pero pasando por temas realmente rápidos y otros mucho más épicos, como el ya mítico «Crown of Wolves», que regrabaríamos como banda unos pocos años después.

Ahora voy a comentar otro giro que puede que sea un poco lío. Durante este año de 2001, yo había estado ensayando con Asgard (ex-Dark Drakkar, Wolfthrone) en un proyecto llamado Winterhowl, en el que iba a participar también Uruksoth, proyecto del que ya hablaré. Había estado componiendo unos riffs y había llegado a hacer un tema entero, que titulé «North Iberian Sadness & Pride», con sus letras y todo. Como veía que no se iba a hacer nada con Winterhowl, decidí dar un paso más y fusionar eso en CrystalMoors. Así que ya tenía un nuevo tema en el repertorio. Entre finales de 2001 y principios de 2002, decidí dar otro paso y metí en la banda finalmente a Uruksoth de cantante y a Gharador de batería, con quienes hacía un Pagan/Black Metal muy cañero, tocando entre otros, el tema «North Iberian Sadness & Pride».

En el año 2002 Moonshine se fue a la mierda, y me puse a hacer con Faramir (guitarra y voz) y Gothmog (teclados) una especie de proyecto muy al estilo Falkenbach. Para los ensayos, yo opté por tocar la batería, no sé por qué, porque era malísimo. De esas cosas raras que hago yo… Hicimos un tema llamado «War Cries on Vindio», que a alguno le sonará, y no sonaba nada mal. Pero mientras pensaba algún nombre para llamar al proyecto, se me iluminó la bombilla y fusioné ambos proyectos en uno. Pasé a la guitarra, dejando las labores bateriles a Gharador (infinitamente mejor que yo a los parches). Nos faltaba un bajista, así que hablé con Throrus (Stygian), un colega con el que parábamos. Aceptó el reto. De ese modo, CrystalMoors se convirtió en un auténtico clan de seis descerebrados, y la etiqueta pasó a denominarse Cantabrian Pagan Metal.

Soy un auténtico desastre, así que no he podido encontrar copias decentes de las demos para poder subirlas a YouTube, así que agradecería se me enviara alguna aunque sea en mp3.

Esta es la segunda parte del artículo sobre CrystalMoors. He dividido su historia en partes, porque creo que es un Cristo de la hostia entenderlo y así es más digerible. Si quieres empaparte bien de todo, te recomiendo la lectura de la primera parte. Ahora, continuemos…

Ya había pasado un tiempo desde que creé Apocryphal. Estaba cada vez más sumergido en la vertiente Black Metal y poco a poco tocaba algo mejor, lo que me permitía ampliar el rango de riffs y aplicar nuevas influencias. Como anécdota, recuerdo mostrarle el único tema que recuerdo haber terminado a Jose (Opposer, Moonshine, Funebre Devastation…) y éste me comentó que uno de los riffs que usaba, y que era con el que más orgulloso estaba, sonaba igual a no se qué grupo. Así que lo deseché con mucha pena y, como no había hecho nada reseñable bajo el nombre de Apocryphal, decidí reiniciar el proyecto. Como si eso diera buena suerte o algo. La verdad es que, con el tiempo, jamás he escuchado ningún tema que se pareciera a ese que hice, así que ayer mismo hice memoria y lo grabé tal como recordaba que lo había planificado. Lo he colgado en YouTube y podéis escucharlo pinchando aquí.

Mientras pensaba en la nueva encarnación de Apocryphal, me dio por escribir letras y pensar diferentes conceptos líricos para tratar. También elegí un nombre de guerra para mí: Verminaard. Cualquiera que haya leído fantasía épica sabrá a qué o quién hace referencia. Y si no sabes qué coño es, pues usa Google, coño.

Tenía mi apodo ultra malvado, nuevas influencias, habilidades más refinadas y nuevas ganas de afrontar un proyecto con mayor seriedad. Ahora tocaba el turno de buscar un nombre más serio y original para toda esta mierda. No sé los nombres que barajé, probablemente me llegó el de Elder’s Cry una noche mientras aullaba a la luna… o tal vez haciendo cualquier otra cosa a principios de 1997… A saber. Yo era el mítico adolescente raro de los 90s, es decir, estaba todo el día escuchando música, dibujando, jugando a videojuegos, yendo a conciertos, leyendo libros de fantasía épica y jugando al rol. Así que, bajo ese cocktail, brotó el nombre que nacía como nuevo llamamiento a las costumbres paganas, concepto lírico y filosófico que empezaba a interesarme poderosamente.

En esos primeros días del aún invierno, llegué a componer dos temas altamente influenciados por bandas como Alastis, Samael, Moonspell o Thy Serpent, en un estilo de Dark/Black/Doom Metal con alguna melodía épica. La verdad es que sólo recuerdo dos riffs de todo eso. Ya tenía mas soltura estructurando canciones y no me costó tanto como ese confuso inicio con Apocryphal, pero seguía con el mismo problema: necesitaría un batería para poder completar estos temas.

Hacia mayo de 1997 hablé con Sasián (Adgar, Stygian), un colega del instituto que quería empezar a tocar la batería. Sasián era muy fan de grupos de Heavy y Thrash Metal, pero también le flipaban otros como la vertiente Black/Death melódica de la escena sueca, coronados por Dissection, los putos amos. Juntos fuimos un día al local de Descomposición Orgánica (grupo de Grind/Death en el que llevaba un tiempo cantando y del que ya hablaré), en Santander. Allí se sentó en el kit de batería mohoso y destrozado que había y se puso a darle sin mucho conocimiento (normal, era la primera vez que tocaba). Yo me colgué la guitarra y me puse también a berrear, mientras le iba dando indicaciones de cómo meter los ritmos y qué partes tocar. Sasián mostró tener bastantes aptitudes rítmicas y aprendía rápido. Se le daba de puta madre eso de dar hostias a algo. Poco a poco, los temas iban sonando. Yo no es que fuera muy exigente a nivel rítmico y éstos se ceñían a tempos lentos que, normalmente, son más fáciles de tocar. Acudimos pocas veces a ensayar, pero algo salió, pues a lo tonto estuvimos una buena parte del verano yendo a hacer ruido. De vez en cuando hacíamos descansos para irnos de litros con el resto de la tropa o a perder el tiempo yendo a un garaje que teníamos donde nos poníamos ciegos.

Con respecto a este momento, me viene a la cabeza una historia que me parece divertida. En uno de los ensayos de Elder’s Cry en aquel local de Descomposición Orgánica, llamaron de pronto a la puerta del garaje (ensayábamos en un garaje cutre, pero molón). Abrí y ahí estaba Lucifuego Master (aka Kueto). Yo ya le conocía de vista, pues era el cantante de Undernoise en esa época y además sabía que tenía Lucifuego, el primer grupo de Black Metal de Cantabria y uno de los más veteranos de España, pues hacía un par de años que había editado su demo tape «Blaze of Lust», que yo había comprado en un bar. Quién me iba a decir que unos cuantos años más tarde formaría parte de dicha banda… Pero él tampoco sabía quien era yo, pues creo que sólo me conocía de algún bolo. Simplemente pasaba por la calle y, gracias a que esos garajes no estaban insonorizados en absoluto, escuchó nuestra propuesta musical y se quedó sorprendido. Debíamos ser la segunda banda de Black Metal de Cantabria, jaja… y, si por algo se conoce a esta región, es por no tener una cantera importante de músicos en estos estilos. Bueno, ni importante, ni decente. Nunca ha habido cantera. Éramos un rara avis en toda regla. Además, practicábamos el estilo de Black Metal que más le gustaba, siendo principalmente lento y con alguna parte violenta. Intercambiamos una interesante charla sobre música, filosofía y locuras, y luego Lucifuego Master prosiguió su marcha.

Elder’s Cry. De izquierda a derecha: Sasián (con cara de fanático) y Verminaard en 1997.

Al término de ese verano, Sasián y yo dejamos de ensayar juntos. No recuerdo la razón, pero al menos germinó en él el deseo de tocar la batería y se llegó a comprar una con la que practicó todo lo que pudo en el garaje de su casa, llegando posteriormente a entrar en los power metaleros Stygian. Mientras tanto, yo volví al formato de one-man-band, pero ésta vez había una notable diferencia.

Hacia septiembre de 1997, si no recuerdo mal, me compré mi primer ordenador. Fue la hostia, porque todos mis problemas técnicos se disiparon gracias a ese gran programa llamado Fast Tracker 2. Seguro que a alguno se le dibujará una sonrisa al recordar ese software que ahora resulta primitivo. Ya he hablado de este programa en otros artículos y, de hecho, llegué a usarlo mucho y a dominarlo. No obstante, en esa época aún no tenía mucha idea de teclados, sintetizadores, ni de cómo usarlos, así que simplemente me ceñí a programar baterías.

Segunda demo de Elder’s Cry «Throne of Sorrow». Grabación de Bile (Gathering Darkness, Eldereon).

Armado con este nuevo aliado informático, durante esa segunda mitad de 1997, grabé «El Llanto del Bosque», la primera demo de Elder’s Cry. No creo que haya sobrevivido a los avatares del tiempo, y es una lástima, porque me habría gustado tener esta primerísima grabación medianamente seria. La grabé directamente en cassette y llegué a hacer un diseño y todo, como se puede ver. De todas formas, no edité ni distribuí la demo pues no pensaba que tuviera la calidad adecuada. Con el tiempo, y tras ver la calidad de mierda de otras demos de otras bandas (o incluso mías), pensé que bien podría haberla distribuido por ahí, pero bueno… no fue el caso. Lo bueno es que fui aprendiendo un poco más de eso de grabar cosas y tal.

«El Llanto del Bosque» sentó parte de las bases de mi propio estilo, pues introduje riffs y pasajes más épicos. Descubrí bandas como Mithotyn y similares, y empecé a hacerlo notar en mis composiciones que cada vez eran menos torpes y algo mejor estructuradas. También introduje alguna parte más rápida que, según creo recordar, podía asemejarse un poco al primero de The Abyss o Necromicon. Como nota curiosa, decir que usé la letra del tema «El Llanto del Bosque» en el tercer disco de Briargh «Eboros» de 2015, titulando el tema de igual modo y cantado igualmente en castellano.

A principios de 1998 ya tenía unos cuantos temas más y me dio por grabar otra demo, que titulé con el nombre de «Throne of Sorrow». En ella se notaba un ambiente mucho más beligerante, pero seguía con esas connotaciones Doomy y decadentes. Tampoco hice más con esta demo, ya que no servía para su edición, sino para escuchar los temas bien, arreglarlos y modificarlos para mejorar el repertorio. Ya había estado jugueteando con los teclados y los samplers, cobrando esto una mayor relevancia en el proyecto. También había mejorado mucho programando las baterías, haciéndolas sonar algo más orgánicas y menos máquina (dentro de un orden, claro). Hace poco la he recuperado del olvido gracias a Bile (Gathering Darkness, Eldereon), pero no la he subido porque no es plan de llenar Internet con todas las mierdas que he hecho.

Tan sólo unas semanas (o puede que meses) después, seleccioné los mejores temas de «Throne of Sorrow», los regrabé y añadí otros nuevos. Éstos conformaron la siguiente demo, bajo el título «Blood on Flames». Usé exactamente el mismo método, con teclados y baterías programadas por Fast Tracker 2 y el resto grabado a base de cintas de cassettes. El resultado fue prácticamente el mismo, sólo que en esta ocasión me suena que no metí tantos gambazos.  Algunos temas eran muy rápidos y otros más Doom Metal, pero seguía trabajando y progresando en esta particular visión del Pagan/Dark/Black Metal que estaba desarrollando. Por supuesto, tampoco edité la puta cinta, y es que yo soy así de gilipollas. Tengo montón de grabaciones que no llegué a editar en su momento porque no confiaba en que eso pudiera resultar atractivo o interesante para nadie. Si me hubiera tomado un poco más en serio todo esto, probablemente el nombre de Elder’s Cry, o tal vez el de CrystalMoors, habría sido algo más sonado. Pero bueno, así fueron las cosas y ahora aquí estoy para hablar sobre ello.

Elder’s Cry. Usé esta foto cuando volví al formato one-man-band. Año 1997.

A principios de 1999 grabé una nueva demo, aprovechando un tema de las anteriores y añadiendo otros nuevos. En esta demo se nota una mejora considerable y, además, añadí un tema muy épico que era influencia directa de esos ensayos que hicimos el verano anterior. La titulé «Thy Gift of Ravens» y también la distribuí entre algún colega. No obstante, no llegué a hacer mucho más

Como había hecho muy buenas migas con los Gathering Darkness y, de hecho éramos super colegas, les propuse ese verano entrar en Elder’s Cry y ensayar como banda. Así que se lo volví a decir a Sasián, quien ya había mejorado mucho como batería, y se unieron también Mon (guitarra), Bile (bajo) y JeshuQ (voz). Yo me encargaría de la otra guitarra. Allí empezamos a hacer ruido y la verdad es que, entre risas y borracheras, llegamos a hacer un par de canciones bastante decentes. En esta etapa se gestó un gran porcentaje de lo que luego fue CrystalMoors. Comenzamos a hacer letras en castellano, tratando exclusivamente sobre las Guerras Cántabras y el mundo celta. Introdujimos algunas influencias del Death Metal melódico sueco, estilo primeros trabajos de In Flames y otros grupos suecos. Basamos la música principalmente en los medios tiempos, con guitarras dobladas muy trabajadas, llenas de melodías épicas y un ligero poso Heavy Metal muy épico también. Sé que llegamos a grabar un ensayo con un par de canciones, pero no lo hemos llegado a encontrar ni Bile ni yo. JeshuQ, que originalmente es batería, hizo sus pinitos como vocalista y lo hacía realmente bien, introduciendo incluso coros melódicos épicos que añadían aún más atmósfera beligerante al asunto. «Recuerdo a Chuspi (JeshuQ) cantar en el baño, porque se le acoplaba el micro», recuerda Bile cuando le pregunto por el proyecto. Como se puede observar, tampoco eramos nada ortodoxos en los ensayos.

Sin embargo, llegando al final del verano, no llego a recordar por qué dejamos de ensayar. Quizá fue que retomamos las clases, o puede que no, pero es que aquello sonaba de puta madre y dejamos de ensayar, así que volví al formato one-man-band y continué con el proyecto.

Cuando retomaba la composición, recordé la demo «Thy Gift of Ravens» y después de escucharla, decidí que podría estar bien editarla. ¡Por fin iba a editar una demo! Pero, ¿sabéis qué? No lo hice, jajaja… Hice un diseño, una portada y cuando iba a poner el nombre pensé que Elder’s Cry no molaba y decidí cambiarlo por el de CrystalMoors. Sinceramente, no recuerdo por qué lo quise cambiar por tercera vez, pero al menos fue el definitivo. Pero ya iré hablando de esto cuando toque…

Discografía de Elder’s Cry:
«El Llanto el Bosque» (demo 1997)
«Throne of Sorrow» (demo 1998)
«Blood on Flames» (demo 1998)
«Thy Gift of Ravens» (demo 1999)

Aviso que este artículo puede ser realmente largo y lioso. En el de Moonshine un colega comentó que parecía el Silmarillion con tanto ir y venir. Y no le faltaba razón, pues por algún motivo, rara vez la vida de un grupo en el que haya pertenecido ha sido lineal. Así que paciencia. He decidido dividir este extenso post en varias partes. Ahora hablaré de su génesis.

El nacimiento de CrystalMoors no lo tengo muy claro, si he de ser sincero. La biografía oficial dice que lo creé en 1995 y supongo que sea cierto, pues la escribí al poco de empezar a componer para este proyecto. Pero ahora, después de 25 años, me patinan los recuerdos y se me entremezclan. No obstante, intentaré ser lo más exacto y concienzudo posible.

CrystalMoors no se creó de la nada, no usé tampoco ese nombre y, por supuesto, no tuvo una dirección lógica de crecimiento. Al contrario que cualquier banda «normal», el proyecto se gestó de la influencia de varios otros proyectos y poco a poco fue tomando forma. De modo que, en realidad, CrystalMoors nace de todas las influencias de bandas que iré citando.

En 1995 recuerdo que era muy fan de My Dying Bride y bandas similares. Me encantaba el Doom/Death Metal (y actualmente me sigue molando la hostia, por cierto), pero también me había empezado a gustar mucho el Black Metal, que hacía poco tiempo que había llegado a mi vida. Eso sí, lo hizo con mucha contundencia. Después de escuchar los temas lentos del «Suomi Finland Perkele» de Impaled Nazarene, pensé que yo podría hacer algo similar y que molaría mucho hacer un proyecto yo sólo, como hicieron Bathory y Burzum, entre otros. Además, la música lenta y oscura se me antojaba mucho más intimista por lo que hacerlo en solitario era la opción más interesante. Sigo pensando lo mismo hoy en día, la verdad.

Foto que usé en esa época, aunque no fue una verdadera sesión de fotos. Año 1995.

No existía nada llamado Pagan Metal, al menos en mi cabeza. Sé que ya andaban por ahí Graveland y más peña, pero aún no había llegado a mis manos. Conseguir ese tipo de material en esos años era realmente jodido en Cantabria. Mi bagaje musical principal venía de los 80’s y, sobretodo, de la primera mitad de los 90’s, así que ni se me ocurría que pudiera aunar melodía épica, con folk y la rabia del Black/Death Metal. Mucho menos que subyaciera una filosofía neopagana oscurantista o estricta. Lo más cercano que había oído era el primer disco de Moonspell «Wolfheart», que incluía partes más épicas que sí fueron una gran influencia, pero acababa de salir y aún no se me había introducido su «Alma Mater» en mi ADN musical.

Otra gran influencia era la revista Grinzone, como para muchos de nosotros supongo, que me acercaba toda la iconografía del Black Metal, con su corpse painting, sus espadas, su ocultismo y todo su misterio. Y recalco lo de misterio, pues hay que matizar que aunque parezca obvio, por esos años aún no estaba Internet extendido entre los hogares y cualquier banda que salía en una revista o fanzine tenía un aura extra de misticismo que hoy en día se ha perdido con el abuso de las Redes Sociales, entre otras pestes. Cualquier adolescente que leyera las palabras de Abigor o incluso los aún desconocidos Behemoth, se las creía totalmente. Si te decían que vivían en un castillo o que eran lobos lusitanos que aullaban a la luna, pues ¿why not? ¡Por supuesto!

Comencé a componer algunos riffs y melodías que aún hoy recuerdo (y no, no eran nada destacables en su mayoría), aunar ideas y escribir letras muy decadentes y oscuras. A ese proyecto inicial lo llamé Apocryphal. Llegué a dibujar el logo que encabeza el artículo, hice algún sigil y el trasfondo lírico y conceptual era puramente satánico y depresivo. También usé corpse-paint en una sesión de fotos, odas al demonio, cruces invertidas y pasajes tenebrosos muy oscuros. Tenía ya varios libros que hablaban de esos temas y la verdad es que sentía fascinación por todo ese lado de la realidad. Con el tiempo, pasé ese concepto a Hrizg, pero esa es otra historia.

Con el tiempo, vi el verdadero problema de hacer un one-man-band, y este no era otro que ser pobre, pues en esa época yo era estudiante y, además, menor de edad. No tenía dinero más que para la guitarra (que compré porque pude vender la Super Nintendo y los juegos que tenía) y las «canciones» que hacía eran riffs sueltos a base de grabaciones pellejeras en cassettes. Yo me imaginaba el resto. Ya cuando eso, algo tonteé con la batería, pero aún así no disponía de equipo ni conocimientos para poder llevar a cabo una grabación medianamente coherente. Tampoco tenía demasiados contactos como para poder pedir a alguien que tocara en mi incipiente proyecto y, de hecho, ésta búsqueda era prioritaria para mi banda principal en aquellos años: Nekrom (que luego pasó a llamarse Moonshine).

Durante todo 1996 no recuerdo haber hecho nada con el proyecto. Seguramente seguí escribiendo algunos riffs y probablemente temas completos, pero lo dejaría de lado, pues cuando aquello ya estaba inmerso en Moonshine, entré en Opposer, en Descomposición Orgánica y vete a saber si alguna otra historia más. Conociéndome, seguramente. También aconteció un cambio de nombre, aunque no de concepto. A pesar de que Apocryphal me gustaba, me suena que vi algún flyer de alguna banda con el mismo nombre. Acabo de mirar Encyclopaedia Metallum y efectivamente, en esos años había al menos tres bandas llamadas igual. Así que, en algún momento de entre 1996 y 1997, Apocryphal lo empecé a llamar Elder’s Cry. Pero hasta aquí la primera parte.

AÑADIDO

Como podréis ver, acabo de añadir un tema. El único tema que hice bajo este nombre. Matizo que esto no está grabado en 1995, pero sí escrito en ese año. Ayer domingo fui al estudio a trabajar en la pre-mezcla de Clavícula Salomonis y a digitalizar unas antiguas cintas de demos y ensayos de Gathering Darkness, Elder’s Cry y de Moonshine, y pensé que sería buena idea rememorar la canción y dejarla grabada 25 años después.

Yo no sé cómo es posible que me acuerde aún de un tema entero tras tanto tiempo, pero aquí está, grabado tal como lo había pensado. Es más, las letras no las tenía apuntadas, pero las he hecho de memoria porque aún las recuerdo. Que como veis, tampoco es que la música y las líricas fueran gran cosa, pero hay que tener en cuenta que ésta era probablemente la primera canción que hice completa. Evidentemente, no tenía las baterías más que en la cabeza y las he programado en base a cómo las había pensado en su momento.

En cuanto al estilo, ya os había adelantado en el artículo arriba que era un Black/Doom Metal, pero tras analizarlo, en realidad era un trozo de Doom Metal y otro de Black Metal. Prácticamente son dos temas diferentes unidos. Incluso las voces las pensé así, tal como están grabadas. En los siguientes temas que compuse aprendí a homogeneizar un poco mejor los estilos, pero se ve que aquí esa lección aún no la había interiorizado.

La canción la llamé «We Fall», aunque tiempo después, ya con el nombre de Elder’s Cry, compuse otra e integré estas letras, siendo éstas ampliadas con más texto. Como el título me parecía potente, también la llamé «We Fall» a esta nueva versión.

Escuchándolo, y tras compararlo con cualquier otra del «Antiqvam Exqvirite Matrem» por ejemplo, parece mentira que sea la misma banda. No ya por el cambio de estilo (aunque la parte Black Metal apuntaba en esa dirección), si no por la evolución misma del grupo. Ni qué decir tiene que me refiero a mi periodo en la banda, desde 1995 hasta 2012, ya que lo nuevo que han hecho desde mi marcha, obviamente, no yo no tengo nada que ver.

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Entrada GRATUITA, entre las montañas de Cantabria. Albergue Picos de Europa, Alto Campoo.

29 de Agosto de 2015 | 21:30 horas

Evento de Facebook