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No nos es ajeno el hecho de que la nueva y única manera de dar conciertos ahora es en garitos o teatros con unas medidas de seguridad muy estrictas. Es normal esto, debido al puto COVID de los huevos, pero eso me suscita ciertas dudas o discrepancias.

Al principio reconozco que me pareció buena idea. La única manera que teníamos de dar conciertos y asistir a los mismos sería con el distanciamiento de seguridad y toda esa mierda. Comentaron que sería sentados y con aforo limitado. Ahí ya me descojoné, porque claro, ver un concierto sentado y con unas cervezas encima, para mi es quedarme dormido del tirón. Soy así, qué le vamos a hacer… necesito estar activo cuando bebo, o si no, me entra el sueño. Cosas de viejo aparte, lo del aforo limitado ya es un poco de risa, porque claro, si a muchos conciertos con gran aforo ya va poca gente, pues ahora haces lleno absoluto aunque vayan 50. Es como que antes salías llorando y ahora contento, con medallita de sheriff incluida, porque ahora eso es lleno y síntoma de éxito. Qué ridículo es todo…

Pero vamos a ver, yo pienso en los conciertos sentados, y me viene a la cabeza música de cámara, jazz o yo que sé, pero no Metal. Y Metal Extremo menos aún. Se nos ha ofrecido a Hrizg tocar en algún evento y claro, al principio dijimos que sí, pero ahora no sé yo… Pienso que se jode la esencia cuando ves a un grupo de Black Metal en estas circunstancias. El público es un elemento esencial para capturar la atmósfera de un concierto extremo y si domesticas esta parte, el show pierde muchos enteros. Si has acudido a algún evento con esta nueva normalidad imagino que te haya parecido rarísimo, precisamente por esto.

Lo que a mí particularmente me gusta de un concierto es ir a pillar una cerveza, sacudir la cabeza, gritar alguna incoherencia y así… en bucle, hasta que termina el concierto y voy con un pedo considerable. A otros les mola hacer pogo, mosh o la puta mierda del wall of death (que lo odio, pero hay gustos para todo). A otros les mola meterse en el baño a drogarse. Hay quien le gusta hablar y sociabilizar mientras el grupo toca (nunca lo entenderé, pero también hay gente así). Ahora, dime tú en qué momento vas a hacer cualquiera de esas cosas con esta puta nueva a-normalidad.

Mi opinión es que prefiero no dar conciertos por ahora. Si veo que pasan los años y esto sigue, pues habrá que joderse, supongo (o no, y buscar otras vías), pero hoy por hoy no me planteo dar ningún concierto, darlo todo en el escenario, y que la gente esté abajo mirándote como el que ve una mala película de serie b en el cine.

PD: Eso sí, a los músicos nos joden con estas nuevas medidas restrictivas y ahí ves a los hijoputas de los toreros y demás, donde se pasan estas leyes por el forro de los cojones.

Texto: Erun-Dagoth
Foto: www.cadenaser.com

Ya hablé hace un tiempo de los músicos ególatras y gente que se viene muy arriba en las redes sociales. También he hablado de peña que se piensa que son guerreros medievales incomprendidos en un mundo moderno. Y yo sigo con mi personal cruzada anti-capulleces. Más que nada, porque a veces se pierde la perspectiva y el ridículo está siempre al acecho.

Antes estuve leyendo un rato el libro de Seven Inches of Death, de Andreas Hertkorn, donde por lo visto también participa un tal Dima Andreyuk, de Tough Riffs Magazine. Aún no he leído tanto como para verter una opinión sobre ello y, de hecho, dudo que le interese a nadie leer dicha opinión. Sin embargo, sí que me ha llamado la atención un comentario que hace Dima.

Para el que no lo sepa, este libro trata sobre los primeros 7″ de Death Metal (y géneros similares, pues también he visto algo de Grindcore) que fueron editados entre finales de los 80s y principios de los 90s. La época dorada del Underground extremo para muchos (los más viejos, sobretodo). El comentario que hace Dima es algo así como que en esos gloriosos tiempos, las bandas se pagaban las portadas, diseños e incluso los estudios de grabación de sus propios bolsillos. Y joder, aquí en España -que yo sepa- muy rara vez ha ocurrido lo contrario. Tal vez a finales de los 80s o principios de los 90s podría ser (si alguien conoce alguna anécdota al respecto, me gustaría saberla), pero a mediados/finales, y en adelante, esto era casi impensable.

Yo sí me he topado con sellos que se preocupaban en pagar las portadas o diseños, pero rara vez el estudio. Como mucho llegaban a una cantidad ínfima. Vale que ahora con el Internet y las descargas es más jodido de amortizar, pero es que en los 90s tampoco lo viví. Para pagarnos la demo de Moonshine de «Remembrance», que la grabamos en Sonido XXI (uno de los mejores estudios de la época), estuvimos tocando mucho durante un par de años, ahorrando todo ese dinero. Y a pesar de todo, tuvimos que poner pasta de nuestros bolsillos. Quizá grupos más tochos y con mayor solera no necesiten hacer esto, aunque dentro del Metal Extremo Underground, diría que no. Otros estilos como el Heavy, Power o el Thrash ni puta idea.

Esto es sólo el preludio, pues a lo que voy es que para nosotros siempre ha sido así. Hay que ser realistas con la situación. No conozco otras escenas, pero en España tener un grupo de Death Metal era un hobby a fondo perdido. A pesar de esto, había muuuuchos flipados que pretendían sacar chusco del tema de cualquier manera, como si estuvieran en E.E.U.U. o Suecia.

He llegado a oír pedir cachés altísimos a bandas es escasa trayectoria, véase un disco autoeditado y creyéndose los nuevos Behemoth o Dimmu. También me han cobrado 5€ + gastos por una demo y cuál fue mi sorpresa cuando me llegó un CDr en slimcase con una portada fotocopiada o impresa, y con un sólo tema. Cuando le dije al colega que se había columpiado un poco con esto, me respondió que es que tenía que amortizar las horas de estudio de grabación. A ver, que tampoco le odié ni nada, pero este tipo de cosas me parecen un poco lejanas a la realidad que vivimos. Han pasado como 5 años desde eso, así que supongo que aún no haya cubierto ese gasto a base de vender CDrs

Está claro que cada uno puede tomarse su grupo como quiera, pero pretender llegar lejos, vivir de ello o ser famoso, es una meta que te va a frustrar muchísimo porque no lo vas a conseguir. Entonces, lo que va a quedar es que fuiste un capullo y «de gratis». En realidad es todavía peor, porque la verdad es que seguramente hayas palmado pasta por el camino. Comprar instrumentos, amplificadores, meter horas, aprender, pagar locales, componer y entrar al estudio… ¿Cómo se cuantifica eso? ¿Es cuantificable? No merece la pena. A la gente se le olvida rápido que la principal función de tener una banda extrema under es cubrir un vacío creativo que, una vez realizado, se supone que te tiene que hacer sentir bien. No estamos aquí para ganar dinero como único objetivo. Entonces, haríamos música Indie o Pop.

Otra cosa es que, además de tocar en tus bandas extremas, tengas otros «negocios», como ser productor, tener un sello (ejem… mal ejemplo), un estudio de grabación, como hacen otros músicos de la escena. Estos complementos son los que sí pueden hacer que saques un dinero o incluso que vivas de ello. Pero si pretendes vivir de tu grupo de Death o Black Metal, vas jodido.

Tampoco estoy en contra de la gente que da un valor a su trabajo y, habiendo demanda, le ponga una cifra. Si te pasas en este caché, pues el promotor no te contratará y ya está. Pero no tendría que pasar más. Esto es como el trabajo: oferta y demanda. Si tu grupo no atrae a más de 30 personas a nivel local, pues no te flipes pidiendo pasta. Creo que en eso estamos todos de acuerdo, seguramente estés pensando. Entonces, ¿por qué se sigue cayendo en estos errores? Bueno, pues porque me parece que a veces somos tan subnormales que perdemos el contacto con la realidad. Hacemos un disco que pensamos «joder, esto es insuperable!», y se nos olvida que hay 500 bandas más haciendo discos «insuperables» que están en tu misma situación.

Hay bandas que se preocupan más de aglutinar likes en sus páginas de Facebook, de conseguir followers en Instagram (o fuckowers en los perfiles de los músicos/as, según se mire, aunque esto da para otro post muy extenso). Otras se gastan miles de euros en una grabación, con unos diseños o portadas impresionantes pero se les olvida la promoción. Y lo peor, que parece que se nos olvida, que los tiempos han cambiado y los chavales que iban a los conciertos ahora son mayores y ya no van tanto. Que apenas hay relevo generacional y éste, en su mayoría, está amongolado por las putas redes sociales o los videojuegos. Que esos tiempos de quedar con los colegas horas antes de un concierto para ir de litros y desfasarte en un evento de una banda local ya pasaron y, viendo cómo están las cosas, no volverán. Súmale la masificación de grupos cojonudos que hay por ahí en las mismas circunstancias que el tuyo y verás que «ir de algo» en esta escena no tiene ningún sentido y resulta sumamente patético (o divertido, depende del caso).

Así que puedes mostrarte todo lo que quieras en las RRSS, inventarte una vida paralela super rockstar, documentar tus viajes metaleros molones o incluso mostrar lo bien que tocas la pandereta con doble bombo, pero tus escasos 20 likes no van a hacer que puedas colgar tus hábitos laborales. No flipemos…

Texto: Erun-Dagoth
Imagen obtenida por la red.

En 2011 ya estaba sorprendido del escaso interés de la peña en los conciertos extremos de mi ciudad. Luego me di cuenta que era algo generalizado. De todo esto ya he hablado demasiado en los anteriores artículos que aquí os dejo:

  1. ¿Se está muriendo el Underground?
  2. Músicos que no oyen música ni van a conciertos / fans que no son fanáticos
  3. Melómanos de YouTube. Coleccionistas de datos
  4. Y muchos más, así que echa un ojo al resto. No te suscribas ni me des like. No tengo Patreon. 😂

De modo que no voy a extenderme más en esta mierda. Lo que sí es cierto es que solía hablar de estos temas con mis amigos y de pronto tuve la idea de organizar conciertos. Sí, ya sé que no es muy original, y no me brotó en ese momento, pero fue entonces cuando decidí hacer algo, a ver qué salía. Quería ver si era capaz de hacer unos eventos de reunión para los pocos seguidores de todo esto que quedábamos y ver, ya de paso, si era posible concienciar a la gente. Mi idea era atraer a nuevas generaciones y ver si las antiguas las volvía a ver en los conciertos. Volver a los viejos tiempos, en otras palabras. Echábamos de menos descubrir grupos en conciertos, ir borrachos y liarla.

Necesitaba un nombre pegadizo y un slogan potente y cafre. El nombre: theExtreme Sessions, y su slogan «110% Underground – Un puto deber». Con mis dotes improvisadas de marketing amateur (¿quién quiere ver vídeos hablando de esto en YouTube?) creo que no pude haberlo hecho mejor, jajaja… qué cosas tengo…

No voy a entrar en los aspectos técnicos de estas theExtreme Sessions, pues ya tiene su sección en la web. Sólo comentar que hice diez, siendo la última el año pasado. Organización que hice de manera residual, pues realmente estos eventos tuvieron lugar entre 2012 y 2013.

En esa época, todo lo mío era obsesión por el mundo musical Underground. Había creado Morbid Shrine Productions, theExtreme Sessions, seguía grabando con mis bandas y a otros grupos con los Khazad-Dûm Studios, colaboré como «artista» (no lo soy, pero bueno) en portadas y diseños para fanzines y discográficas y más historias. Comencé incluso a perpetrar mi propio zine impreso, que llamé Necromiasma Zine, en donde llegué a entrevistar a bandas como My Dying Bride, Blaspherian, Imprecation, Vallenfyre y muchas más. Siempre haciendo hincapié en la parte más old school, que era lo que me interesaba. La falta de dinero hizo que no pudiera publicarlo, pero igual un día me animo y lo publico aquí, aunque las entrevistas estén ya desfasadas.

Con las theExtreme Sessions a veces colaboraba con distribuidoras locales, como en la que vinieron a tocar Hipoxia con los locales Dalle Killers. En este concierto pusimos puesto Morbid Shrine Productions, Terror System y Primitive Noise. Para promocionar aún más este evento, se me ocurrió hacer una newsletter que imprimí y fotocopié. Era en formato tríptico, y en ella hablaba del evento, haciendo entrevistas a las bandas implicadas. Como veis, aún conservo muchas copias que quizá regale en los próximos pedidos que me hagan, hasta que se agoten.

Después de esto, hice lo mismo con las bandas que editaba en Morbid Shrine Productions, pero ésta vez hacía un PDF que si querías, lo descargabas y te lo imprimías. Tuvo bastante éxito en su momento, aunque más a nivel nacional que local, pero ahora no sé si dispongo de alguna… Luego pasé a publicarlo directamente en web, pues no tenía todo el tiempo que requería esto.

Pero oh sorpresa, a medida que iban transcurriendo las theExtreme Sessions, la audiencia iba descendiendo. Empezó con mucha expectación, con aquel mítico concierto de The Somberlain y CrystalMoors, acudiendo más de 80 personas, pero poco a poco la gente se fue desinflando. La gente fue dejando de apoyar y, finalmente, pasé de todo y lo mandé a la puta mierda.

No sé si ya pasó a la historia eso de dejarse greñas, vestir con camisetas de grupos o ir con botas militares, pero no veo chavales con esas pintas desde los 90s. Tampoco van a conciertos ni eventos similares. No se les ve. ¿Existen? Espero que no, porque si existen y no hacen otra cosa que ver vídeos de YouTube o jugar a la PS4, es mejor que ni salgan de sus putos cubiles.

Han pasado ya unos cuantos años desde las theExtreme Sessions y no veo que la cosa haya mejorado. Tal vez haya que empezar a reconocer que la forma que tenemos de vivir esto está muriendo o está ya muerto.

Otra actitud popular y universal, común a todos los ámbitos (no sólo el metalero) y vigente en el puto ser humano es la arrogancia. Aquí hablo de algunas que me he ido topando a lo largo de mis andanzas musicales. Aunque no son todas, obviamente.

A lo largo de la pila de años que llevo tocando en grupos, dando conciertos, etc., me he topado con un montón de subnormales que se creen más que nadie porque tienen un instrumento cuyo precio es de muchas cifras, amplificadores que no podría pagar en varios años o que tocan en un montón de grupos y hacen pila de cosas, por poner sólo unos pocos ejemplos.

Normalmente, quien acumula muchas estrellas y medallas auto impuestas por tocar en algún grupo tiene el ego inversamente proporcional a la cantidad de cosas que hace por el grupo, llegando a ser, en muchos casos, un completo inútil. Una manera absurda y evidente de mostrar ciertas inseguridades que debe paliar con el reconocimiento de su tarea en la banda o, si tiene mucho dinero (o padres muy generosos), con unos instrumentos que no podrías pagar a no ser que fuera rehipotecando la casa de tus progenitores.

Esta peña me chirría la hostia. Odio la arrogancia. Encima es gente ridícula, porque pavonearse porque tocas en los Noleimportaanadie, delante de 30 personas, vendes 2 discos autoeditados, o fichas por un sello prusiano limitado a 4 copias… es una completa estupidez. Encima te haces el chulo con tu banda de mierda. Todos tocamos en bandas de mierda, tenlo muy claro.

Aún recuerdo la conversación que tuve con un músico, cuyo nombre obviaré (por no levantar historias ni alimentar polémicas), que me empezaba a preguntar por mi equipo y, si  yo decirle nada (porque son cosas que me importan tres cojones), me iba diciendo el suyo con sus precios. Y, ¿Por qué o para qué? Es decir, si tienes un equipo de 10.000€, ¿eres mejor músico que yo con el mío de 600€? Es que no le veo ningún sentido. No era el típico «buah, me pude pillar un XXXX y no veas cómo suena», que se puede entender, sino… «¿Qué tienes tú? Pues yo tengo esto, zas!»

Hay proselitismos de cualquier índole, como el que saca pecho cuando le editan en vinilo o cassette. O el que se monta un sello y se piensa que ya es un semidios. También está el que monta conciertos y te dice que es promotor, como si fuera un trabajo normal y viviera de eso (raro es el caso). A ver, gente… cualquiera puede montarse un sello u organizar conciertos. Además, esto no te otorga puntos extra de truismo ni eres envidiado por nadie. Y, si esto es así, tu vida es que es bastante pobre, la verdad.

También recuerdo a uno que empezó a decirme que se estaba haciendo un estudio de grabación home de estos, para grabarse él, que era multiinstrumentista y se iba a hacer él solito un proyecto. Esto me pareció una idea cojonuda, pero el tío me estuvo tostando la cabeza bastante tiempo poniéndose medallas continuamente. Iba a programar la batería y a hacerse un proyecto de Black Metal, como si esto no se hubiera hecho antes o yo qué sé. Me pareció un chiste. Cualquiera que me conozca un poco sabrá por qué. El caso es que le contesté de la mejor manera que se me ocurrió, que fue yendo al coche, donde tenía pila de copias de Hrizg (de cuando era yo sólo), porque me habían llegado ese día de Moribund Records. Le di una y, cuando me preguntó que qué era, fue un zas que se hizo él sólo. El tío no me caía mal, la verdad, pero después de darle el CD, se quedó muy tranquilito y me cayó mejor. No pretendía meterle ese zasca, pero al recordar que tenía copias de Hrizg a mano, me pareció que lo tenía a huevo.

En definitiva, todos tenemos nuestros momentos de ego, pero hay veces que cuando esto supera a la persona, te conviertes en un jodido personaje.

El título en sí ya es un troleo. Es para ver quien entra y lee mi mierda y quien se queda en el título para escribir su opinión en el Facebook. Lo siento, cabrones…

Estoy de Metallica hasta la polla. Joder, en serio, ¿Es que no conocéis otra puta banda o qué? No negaré que crearon -o ayudaron a crear- una tendencia en la música y han sido de las bandas más influyentes del planeta y bla bla… Que sí, coño. Pero es que eso ocurrió hace casi 40 años. Depende de a quién preguntes, Metallica no ha hecho nada decente desde «Master of Puppets» o «… And Justice for All». Y eso todavía fue en los 80s. ¿Entonces qué? Luego han sacado un montón de discos comerciales de mierda -aunque el denominado black album no sea tan turbomierder– durante años, para volver al Thrash Metal porque les apetecería hacer tralla otra vez. No sé si es porque se hacían mayores y aún querían mostrar que podían hacer algo cañero, pero se ve que ya no lo sienten como entonces. Igual si vuelven a las drogas, groupies y al alcoholismo sí que sacan un disco en condiciones, pero la vida de adultos con dinero no les ha sentado muy bien.

Si eres fan, ya sé qué me vas a decir. Me da igual. Yo también disfruto mucho cuando escucho «Kill’em All», «Ride the Lighting» o el «Master of Puppets», pero coño, seguir tanto los pasos de este grupo, como si nunca hubieran «traicionado» eso que ayudaron a crear, con discos bochornosos, me parece un poco absurdo. Muchas veces trazo una comparativa en plan, Metallica son como ese familiar o amigo tonto al que hay que querer, haga lo que haga. Parece que la mayor parte de la comunidad metalera es así. Da pena. Seguir dando bola a esta peña me parece malgastar una energía que muy probablemente se podría invertir en bandas mejores y más honestas.

Hay que decirlo ya, Metallica no han sacado nada decente desde los 80s. Ni siquiera los discos nuevos, que mucha gente han abrazado como al mesías del Metal, tienen coherencia ni sentimiento. Ya que no podemos evitar que sean unas estrellas, y hasta puedan hacer colaboraciones en el cine o documentales de mierda (ese «Some kind of Monster»… pufff… vergonzoso…), quizá sí podríamos quitarles de cabezas de cartel de los festis de verano, para poner a otros que se lo merezcan más. No sé… Sé que esto no va a suceder, pero después de ver algunas publicaciones en el Facebook y tal, me he cabreado y he venido a mi rincón del tarao para gritarlo. Quieran quiera leerlo, que lo lea.

 

Como podéis ver, he distanciado bastante las publicaciones. Tengo mucho menos tiempo libre y, además, tampoco es menester tostaros de mis divagaciones mentales. Hoy traigo algo que también está muy manido. Seguro que muchos estaréis de acuerdo, otros se ofenderán, y otros asentirán mientras tienen un mjölnir colgado y esperan ansiosos el nuevo capítulo de Vikings, o cualquier mierda de estas.

Mi aversión por el mundo vikingo fuera de contexto es de sobra conocido por mis allegados, habiendo incluso llegado a publicar unas camisetas de Hrizg con el mjölnir tachado en la espalda en 2007, y la creo que acertada frase de «The Mjölnir doesn’t belong to Celtiberia. Stop the viking fashion!». Esto, que también usé como banner en la web, despertó muchas iras entre los guerrerillos del Metal nórdico, sobretodo, en España. Qué curioso, ¿verdad?

Pues es la puta verdad, chavales. El martillo de Thor no pertenece a nuestra cultura. Y me parece muy bien que te sientas un guerrero nórdico del Valhalla porque tienes los ojos azules o el pelo claro, pero ni siquiera los Amon Amarth lo son. ¿Descendientes? Quizá, pero de ahí a imitar los cortes de pelo de la puta serie esa, las barbas, etc., va un abismo. He llegado a ver en algún festi Metalpaco nacional grupos de chavales haciendo gritos a lo 300 en la calle, porque sí. Mi nivel de vergüenza ajena tal vez sea demasiado bajo, pero es lo que me produce cuando veo este tipo de mierdas.

Me da pena que la gente tire a lo de fuera. Si fuera algún caso puntual, pues bueno, podría entenderlo. Véase los Nile con su obsesión por el mundo egipcio. Pero imaginaros que ésta fuera la nueva moda y la tendencia fuera ir a festivales como el Resurrection o el Leyendas vestidos de faraones o de momias y clamar ser hijos de Tutan Cojón. Venga, no me jodáis.

Recuerdo que en 2010 vivía en Elche, la mítica ciudad íbera donde se halló ya sabéis qué dama. Una noche, un chaval con el que coincidí -y que tenía el martillito de rigor colgado- le oí decir que él era un auténtico vikingo. Tenía barbas muy largas, sí. Tenía greñas, sí. Y tenía sus muñequeras de cuero (imprescindible para ser vikingo de pro), pero tío… era tan moreno que se me hacía más sarraceno que otra cosa. Me habría molado más oírle decir, yo sí que soy un puto asirio. Entonces tiene mis dieses. Pero no. Cualquier día vamos a ver a un congoleño decir ser descendiente de la dinastía Ming. Recalco la idea que lo que me pudre es que se convierta en tendencia un único tema y se proclame como nuestro por moda y no por un derecho histórico.

Siempre me ha parecido más interesante el paganismo real, es decir, interesarte por un periodo histórico concreto de un área real. Si es posible, de tu tierra (pues es la unión que yo veo). No digo que esto tenga que ser así, que habrá opiniones de todo tipo (aunque no las haga caso). Es decir, si eres vasco, entiendo que quieras hacer letras en euskera sobre las tribus prerromanas, sus costumbres, ritos, etc. Al menos, lo que se conozca. Lo veo lógico y es lo que valoro, como hacen Numen, Nakkiga, Omendark y un montón más. O bandas como Berserk, Nazgul o Cyhiriaeth, cuando trataban sobre la antigua Celtiberia.

Tampoco es cuestión de desmerecer bandas porque hablen sobre temas nórdicos en sus letras de manera puntual, pues cada uno es libre de hablar de lo que quiera. No soy censor de nada de eso. Pero ya obviar por completo tu cultura REAL y abrazar la puta moda imperante por los motivos que he dado (y por muchos más que ni he nombrado), es lo que me produce urticaria cerebral.

Pero ojo, que hay otra corriente igualmente ridícula pero menos común en el mundo musical: la wicca. Esta soplapollez es más común entre personas ajenas al plano musical que trabajo, pues es demasiado buenrollista para una banda de Black Metal. No obstante, es adoptada por infinidad de gente que ha decidido sustituir a Dios por el Universo, a la Virgen por la Naturaleza y a la cruz cristiana por el triskel, o cualquier otro símbolo celta ancestral. Pero lo que se les ha olvidado sustituir del Cristianismo es la intransigencia y la intolerancia, pues en muchos casos son tan vehementes en sus creencias que he visto hasta llegar a hacer mofa del escéptico, como si éste fuera un pobre loco incauto e inculto. Acojonante. Sí, amigos, todos conocemos a alguien que dice ser una bruja moderna y lleva pentáculos con la punta hacia arriba, que cree en las energías naturales y ritos pseudo inventados (o inventados), la homeopatía y que te dice con soberbia que la vida te va mal -o no tan bien- porque no se lo pides al Universo (sí, en mayúscula, porque para ellos es una entidad con nombre propio). ¿A cuántas casas habéis ido con olor a inciensos varios, una estatuilla de Buda y libros sobre reiki? Podéis ser todo lo hijo de putas que queráis, es lo bueno de la wicca, que si luego limpias tu aura, todo perfect. Además, también puedes currarte unos mandalas tope guapos y de trazo dudoso, porque mientras tengas pasta para tus alimentos veganos, el puto Universo te va a lamer las pelotas cual cerdo buscando trufas. La ley del karma.

Además, esta gente es carne de cañón para esas creencias extrañas sobre la Tierra Hueca, Plana, con forma de plátano (como dirían Monty Python), fantasmas que te ayudan porque son buen rollo, tarot, antivacunas, aliens… porque es un todo vale. Vivimos en una nueva edad media en mitad de la edad de la tecnología. Una suerte de burbuja crédula que absorbe todo tipo de conocimientos alternativos y fantásticos, sean estos los que sean y de la naturaleza que sea. Donde lo hermético convive con lo paleocristiano, pagano, neopagano y fantástico actual. Corrientes más desarrolladas en los años 70, después de viajes lisérgicos donde hoy en día, con toda la información que tenemos, de pronto creemos en historias fantásticas de serie b.

Hoy te traigo un post cortito, pues este tema tampoco tiene mucho donde rascar y fijo que todos nos sonreímos con estas historias cuando las vemos. Este tema ya no es sólo para el mundo metalero, sino que es extensible a cualquiera.

Qué barato y cutre resulta todo hoy en día. ¿No tenéis esa impresión cuando veis ciertas publicaciones en las RRSS? Normalmente, siempre viene de los mismos individuos. Gente que no aporta nada o que siempre hace alarde generalmente de cosas de las que carece. No voy a arremeter contra esta peña porque en realidad ya se les suele tener calados, pero es que hoy en día cualquier persona puede convertirse en erudito, un musicazo, modelo, putón, súper viajero despreocupado o deportista de la manera más low cost que pueda imaginarse. Y yo me pregunto ¿cuál era tu vida antes de Facebook o Instagram? Es decir, ¿ya eras esa personalidad que muestras con tanto afán?

La mayoría de la gente que hace según qué publicaciones ya se las ve de lejos. Denotan mucha inseguridad y poca personalidad, necesitando así de la aprobación del populacho. Ya sea en likes por parte de amigos como de desconocidos.

Ninguno quedamos libres a cierta exposición en las RRSS, pues su objetivo precisamente es este. Exponer lo que te gusta, lo que haces, lo que eres de alguna u otra forma, a lo que dedicas, etc. Son para eso, entre otras cosas. Pero yo hablo de los usuarios (y usuarias) que no paran de mostrar un alter ego que no se suele corresponder con la realidad.

Si quieres ser un gran metalero con un dominio increíble sobre grupos raros, no tienes más que poner constantemente vídeos de YouTube. Una simple búsqueda hará que tu imagen pública mejore ante gran parte comunidad. Si quieres ser modelo, no tienes más que publicar fotos de otra índole y esperar el aluvión de reacciones. Si tu Instagram echa humo, ¡felicidades, ya eres influencer! Si tu grupo no lo escucha nadie porque es una mierda, tranqui que haces un blog y… ehm… ¡ups!

En definitiva, tener hoy día una imagen pública es muy sencillo. Sólo hace falta que tu inseguridad sea inversamente proporcional a tu vergüenza, cosa que tampoco es fácil, así que no le quitemos el poco mérito que tiene esta gente.

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Este tema tiene su cosa. No es nada fácil de establecer una respuesta contundente a ésto, pues si estamos dentro del Metal es porque, de alguna manera, nos llegó. Los que tenemos una imagen concreta (pelo largo, ropa negra, etc.), viene porque vimos una «moda» que nos llamó la atención. La mayoría por colegas del colegio, revistas o incluso algún programa de la Tv. Sin embargo, siempre estamos quejándonos de las putas modas. De por qué se venden camisetas de algunos grupos en ciertas tiendas de ropa que son portadas por tiparracas (o tiparracos) totalmente profanos a lo que nosotros amamos, o incluso grupos que se hacen masivos dentro de la propia comunidad metalera. Joder, qué metalpaco suena esto…

Quizá todo esto que comento es porque la moda se convierte en mofa y sentimos que, de alguna manera, pervierte la esencia de algo que consideramos puro. Claro que la definición de pureza varía en función de nuestros propios gustos, inclinaciones o, directamente, de que tengamos un mal día. Pero bueno, creo que se me entiende.

Aquí no entro en valoraciones del Underground o el Mainstream, pues ya he hablado de cosas similares en los posts previos y paso de rayarme.

No voy a invertir más texto en la parte negativa de todo este circo, pues creo que ya hay demasiados «salvadores» de la escena y no es mi función despertar conciencias. Además, yo no sé más a este respecto que pueda aportar nuevos datos a este particular entender.

Sin embargo, hay otra parte de las modas que son positivas. Al menos, a mi juicio. Pues gracias a la moda del revival muchos de nosotros podemos volver a disfrutar de grupos que ya no existían. Yo personalmente pude ver a Ashbury en directo, por ejemplo. Y otros también con suerte pudieron disfrutar de Pagan Altar. Ejemplos así hay unos cuantos y tampoco es menester enumerarlos todos. Pero también gracias a estas olas de idas y venidas hemos podido comprar nuevo-viejo merchandising, vestir los chalecos de parches que muchos llevaban guardados y olvidar productos comerciales absurdos como el puto Nu Metal o el Metalcore. Hemos podido volver a pinchar discos y comprar vinilos (obviando el efecto burbuja, claro). Pero también hemos visto este renacer en otras disciplinas diferentes, como en los videojuegos retro (de lo cuál soy gran seguidor) o incluso en el cine.

Sé que también han resurgido bandas como Mötley Crüe y mierdas semejantes que ya no tienen sentido, pero bueno… También ha hecho que bandas súper comerciales que ya no hacían caña volvieran a ella (véase… la mayoría, de hecho). ¿Quién iba a imaginarse que Paradise Lost volverían a los guturales? Yo desde luego no. Y aunque no sea lo mismo y, de hecho, creo que es otra estrategia comercial, creo que ha logrado que nuevos seguidores se decanten más por las sonoridades oscuras y extremas.

Personalmente creo que las modas son una mierda en general, pero a veces sí es cierto que han aportado cosas buenas que muchos echábamos de menos. Digo muchos, pero en realidad son muchísimos, pues esta moda de lo viejo se ha llegado a convertir en un negocio muy lucrativo. Pero bueno, eso ya es otro tema.

Tal vez productos comerciales apestosos como la película (y el libro) de Lords of Chaos nos traiga un montón de mierda dentro del Black Metal, pero seguro que entre esas nuevas hornadas alguna se trabaja algo realmente bueno. Los viejos seguiremos haciendo música vieja. Los jóvenes puede que se acerquen a la esencia y se alejen de la puta cagada que es el reggaeton o el trap de los cojones. Por cierto, ¿qué coño es el K-Pop?

Parece mentira, pero mi anterior publicación se ha hecho viral, de lo cuál estoy enormemente agradecido. He leído muchas reacciones y comentarios en los que se dice estar completa o parcialmente de acuerdo con lo que expongo. Por un lado es normal, pues es algo que creo común a todas las escenas, independientemente del país en el que vivas. Y si me apuras, es hasta común en todos los estilos. Todos conocemos casos y todos coincidimos en que es un lastre para el avance de una escena «sana», ya sea Underground o no. Es decir, si queremos que siga habiendo conciertos, y si nos deja el puto COVID-19, lo normal es apoyar a las bandas. Ya no digo comprando su material, sino al menos yendo a los eventos o mostrando un interés real. Si esto no ocurre, es obvio que mucho interés no hay en que ciertas bandas sigan tocando. Es triste, pero es así.

Sin embargo, esta moneda tiene otra cara. Todos estamos de acuerdo en estas aseveraciones, pero todo sigue y seguirá igual. O sea, mientras asentimos y nos volvemos empáticos temporales con el desastre del Underground que estamos viviendo, hacemos click para ver un vídeo de gatitos, o damos like a la foto sexy de turno y se nos olvida. Porque, por supuesto, no es de esperar que se vayan a remover conciencias. Eso sería demasiado ingenuo. Pero también es demasiado ingenuo pensar que va a haber un cambio de paradigna en el supuesto «sentido correcto». No creo que la mayoría de la gente haya podido hacer una autocrítica real que, a mi parecer, es muy importante hacer. Es casi seguro que al próximo evento que se programe, haya gente que no vaya por cualquier razón. Razón que, muy probablemente, años atrás no habrían ni tenido en cuenta. Pero esto es extensible a cualquier otra forma de apoyo. Estoy seguro de que los videoclips de los grupos de colegas no van a subir en visualizaciones, nos Bandcamp no van a disfrutar de más escuchas o descargas y, en definitiva, la banda local va a seguir comiendo mierda.

Parece que el Underground es más Underground que nunca, pues cada vez estamos menos gente en él

Ahora parece que el Underground se divide en varios subtipos. Está el que sólo compra vinilos, el que dice no mirar Internet (para no parecer menos kvlt o die-hard), el que está en el UG porque no le conoce nadie y sueña con salir en las portadas de las mejores revistas, el que se niega a dar conciertos porque sí… O sea, que no se va a contentar a nadie. ¿Estamos pues ante la muerte del Underground mismo? Al menos tal y como lo hemos conocido, eso parece evidente. Es bien claro que el Mainstream cambió de forma de entenderse, pero parecía que las bandas más under seguían el mismo camino ya trazado previamente, sobreviviendo a las modas, como debía ser. Pero ahora parece que ya no basta con ser ideológicos y perseverantes. Parece que el Underground es más Underground que nunca, pues cada vez estamos menos gente en él. Los conciertos son aún más minoritarios y las ventas son de auténtica carcajada.

Pero oye, ahí seguimos. Editando CDs físicos, vinilos, cintas de cassette profesionales, dando conciertos donde pretendemos meter a más fanáticos de la cochambre musical… Y todo esto ¿Para qué? Creo que la lógica dicta otro tipo de soluciones a este cada vez menor interés por la música subterránea.

Aparentemente, cada uno tiene su propia visión del Underground. Hay tantas definiciones como metalheads. Y en este punto yo pienso si realmente existe ya tal etiqueta o si se perdió con el devenir de los años y la llegada de las nuevas tecnologías. ¿Vosotros qué opináis?

Texto: Erun-Dagoth
Imagen: Fenriz haciendo fenrizadas

Hace unos días hablé de ese fenómeno que era el melómano de datos. Ese supuesto auto proclamado amante de la música, metalero empedernido, fan, etc., cuya colección de discos no solía superar los pocos ejemplares, siendo muchas veces regalos u obsequios de colegas. No es que crea que el 100% de los casos sea deplorable, ni tampoco arremeto contra el truismo de nadie. Tranquilos, vuestra hombría está salvaguardada. Simplemente me choca y comento que no entiendo cómo alguien puede ser fanático de algo sin llegar a invertir realmente en ese algo. No hablo sólo de dinero, sino de auténtico interés.

Hoy trataré otro tema que ya comenté hacia el final de ese artículo. Es un fenómeno extraño y no exento de polémica, pues es algo que se ha hablado repetidas veces entre músicos y otros amigos no necesariamente en el business. Este no es otro que el de esos músicos que llevan años tocando en bandas pero, sin embargo, no escuchan nada nuevo desde que empezaron a tocar, llegando incluso a preferir hacer cualquier otra actividad antes que asistir a un concierto. Es algo realmente extraño. No digo que tengas que ir a todos los conciertos que se perpetren en tu ciudad, pero joder, es que hay gente que nunca ves debajo de los escenarios a no ser que ellos mismos hayan tocado.

Generalmente, también se les une el hecho de no tener gran cosa en discos originales, pero también les falta interés en conocer nuevas bandas o indagar más en la discografía de aquellas que se supone les gusta mucho. Huelga decir, que mucho menos en investigar un poco a nivel Underground.

Que quede claro que no hablo de ningún caso en particular. No escribo esto pensando en alguien concreto. Es una idea de algo que ocurre y seguramente todos conocemos algún caso. Esa típica persona -o personas- que no van a ningún concierto pero luego tocan y te piden que vayas a los suyos. Es como el que no da like nunca a tu página de Facebook pero te pide que le des like tú a la suya. Es una falta total de reciprocidad que, aunque no queramos, no podemos evitar pensar de vez en cuando con cierto hastío o, como mínimo, desaprobación.

Evidentemente, hay casos y casos. Algunos no son muy de redes sociales y no se enteran de los eventos. Entiendo que otros tienen hijos y no pueden escaquearse cada vez que quieran de sus obligaciones conyugales o familiares. Otros tienen turnos jodidos de trabajo. Hay mil cosas que pueden hacer que pierdas fuelle con la asistencia a conciertos. Pero joder, que no vayas nunca, siendo tú una parte supuestamente activa de la escena, que no conozcas nada más allá de Metallica o Iron Maiden, que no tengas más de diez discos originales en tu haber, y de cuando tenías 15 años, etc… Pues me choca. Pero sobretodo me sangra cuando éstos personajes van de trues, o contándote anécdotas de esto o aquello. Salvadores low cost de la escena metalera. Seguro que conoces alguno.

Hace poco, y ahora sí hablaré de un caso concreto, estuve en la entrada de uno de los últimos conciertos que di. Entró un grupo de chavales y chavalas que algunos conocía de vista. Éstos, con sus chupas de cuero, sus ropajes negros, camisetas de grupos… pero no entraron al concierto. No sabían ni que había concierto. Pero es que ni miraron quien tocaba, directamente huyeron porque sólo querían entrar al garito a tomarse algo. Claro que sí, ¡esa es la actitud!